La imagen real.

El pasado 29 de abril  Guillermo Alejandro Orange-Nassau fue coronado rey de Holanda. La televisión ha retransmitido las distintas ceremonias que han tenido lugar en Amsterdam para festejar tan magno evento. Máxima Zorreguieta se ha convertido en reina consorte luciendo espectaculares alhajas acompañadas de una resplandeciente sonrisa. La argentina ha desempeñado su labor de princesa, desde que contrajo matrimonio el 2 de febrero de 2002, de manera óptima tal y como reflejan los sondeos. La realeza tiene un aura especial no solo por los cargos y títulos que ostenta sino por la puesta en escena que despliegan sus ceremoniales.

Imagen del día de la Coronación de Guillermo Alejandro de los Países Bajos.

Imagen del día de la Coronación de Guillermo Alejandro de los Países Bajos.

          Gran parte de los cuentos clásicos están protagonizados por príncipes y princesas. Las heroínas de los relatos infantiles personifican un ideal, La Cenicienta o La Bella Durmiente encarnan arquetipos de belleza física y moral. Recuerdo de pequeña, una colección  cuentos antiguos en casa de mi abuela. Eran libros de amplias páginas e ilustrados con preciosos dibujos que mostraban a espectaculares  princesas de largas y onduladas cabelleras ataviadas con preciosos vestidos. Yo era una niña y me fascinaban esas imágenes. Mas adelante comprendí que las princesas de los cuentos son una cosa y las de carne y hueso otra. La ficción permite la ensoñación pero la realidad es distinta. Tener sangre azul no implica necesariamente poseer valores morales ni atractivo físico.

Gustave Doré. La bella durmiente del bosque. Ilustración de los cuentos de Perrault. 1867

Gustave Doré. La bella durmiente del bosque. Ilustración de los cuentos de Perrault. 1867.

          Para familiarizarnos con los rostros de la familia real española a través de los siglos lo mejor es darse una vuelta por el museo del Prado. Gran parte de los fondos de la pinacoteca provienen de la Colección Real desde que fuera abierto al público como Museo Real de Pinturas en 1819, gracias al empeño de Fernando VII y su segunda mujer Isabel de Braganza.  Desde el siglo XVI hasta el XIX podemos hacer un repaso exhaustivo del aspecto físico de nuestros reyes, reinas e infantes. Al observar detenidamente la larga serie de retratos custodiados en el museo, comprobamos que en España hubo bastantes reyes y reinas de físico poco atractivo; mas si cabe teniendo en cuenta que los pintores trataban, con todos los medios a su alcance, de presentar a sus egregios modelos de la manera mas digna y favorecedora posible. El artista debía ofrecer una imagen de majestad y poder en la que todo estaba medido y calculado. El aspecto y la postura del retratado eran fundamentales para ofrecer un mensaje claro a sus súbditos. Los monarcas  aparecían rodeados de sus atributos como la corona, el bastón de mando, el manto de armiño o el toisón de oro, mientras que las reinas lucían impresionantes joyas y ropajes.

Jean Ranc. Isabel de Farnesio, reina de España. 1723. Museo del Prado.

Jean Ranc. Isabel de Farnesio, reina de España. 1723. Museo del Prado.

          Hoy en día sucede algo parecido con las fotografías oficiales, en ellas se trata de ofrecer una imagen atractiva e incluso cercana. Los mejores fotógrafos del mundo son requeridos por las casas reales. Estos profesionales juegan el papel que en su tiempo desempeñaron los pintores de cámara. Mario Testino ha inmortalizado en diversas ocasiones a la familia real inglesa y fue el encargado de retratar al príncipe Guillermo con su prometida con motivo de su compromiso matrimonial. También Isabel II se puso bajo los focos de Annie Leboivitz que realizó un maravilloso retrato de la soberana lleno de armonía y serenidad basándose en una obra de Sir Thomas Lawrence de 1789.

Mario Testino. Retrato del príncipe Guillermo de Inglaterra y su prometida. 2010.

Mario Testino. Retrato del príncipe Guillermo de Inglaterra y su prometida. 2010.

Annie Leibovitz. Retrato de la reina Isabel II de Inglaterra. 2007.

Annie Leibovitz. Retrato de la reina Isabel II de Inglaterra. 2007.

Sir Thomas Lawrence. Retrato de la reina Carlota de Inglaterra. 1789. National Gallery. Londres.

Sir Thomas Lawrence. Retrato de la reina Carlota de Inglaterra. 1789. National Gallery. Londres.

          Juan Carlos I es un hombre alto, de buena planta y con innegable  atractivo físico y lo mismo podemos decir de su hijo y heredero Felipe pero los primeros reyes de la dinastía borbónica en España junto con sus esposas fueron poco agraciados. Isabel de Farnesio y Bárbara de Braganza,  aficionadas a la buena mesa, estaban entradas en carnes. Carlos III y Carlos IV tenían una descomunal nariz y sus respectivas mujeres tampoco les iban a la zaga en falta de belleza. Las crónicas de la época sobre la supuesta fealdad de María Amalia de Sajonia, consorte de Carlos III, no concuerdan en absoluto con los retratos que nos muestran a una dama de aspecto agradable.

Louis de Silvestre. Maria Amalia de Sajonia. 1738. Museo del Prado. Madrid.

Louis de Silvestre. Maria Amalia de Sajonia. 1738. Museo del Prado. Madrid.

          María Luisa de Parma era relativamente agraciada en su juventud pero a consecuencia de sus veinticuatro embarazos y catorces partos envejeció prematuramente, su tez se volvió amarillenta y perdió  la dentadura. Al observar el maravilloso retrato de Mengs, como princesa de Asturias, y los que le pintó Goya años mas tarde parece que estamos ante otra persona al igual que ocurre con su marido Carlos IV.

Anton Rafael Mengs. Carlos IV, príncipe de Asturias. Hacia 1765. Museo del Prado.

Anton Rafael Mengs. Carlos IV, príncipe de Asturias. Hacia 1765. Museo del Prado. Madrid.

Anton Rafael Mengs. María Luisa de Parma, princesa de Asturias. Hacia 1765. Museo del Prado. Madrid.

Anton Rafael Mengs. María Luisa de Parma, princesa de Asturias. Hacia 1765. Museo del Prado. Madrid.

          Los grandes pintores y escultores han tenido la responsabilidad ofrecer a la posteridad no solo la semblanza de reyes y reinas, sino el mensaje que las monarquías absolutas deseaban transmitir a sus súbditos, una semblanza adecuada y representativa de su estatus, no en vano el refrán dice: “Una imagen vale mas que mil palabras”.

Francisco de Goya y Lucientes. Carlos IV. 1789. Museo del Prado. Madrid.

Francisco de Goya y Lucientes. Carlos IV. 1789. Museo del Prado. Madrid.

Francisco de Goya y Lucientes. María Luisa de Parma. 1789. Museo del Prado. Madrid.

Francisco de Goya y Lucientes. María Luisa de Parma. 1789. Museo del Prado. Madrid.

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Slow Fashion

Nos ha tocado vivir en un mundo vertiginoso donde todo ocurre muy rápido. Casi sin darnos cuenta recibimos diariamente infinidad de noticias, mensajes y correos;  es tanta la información que nuestro cerebro se ve obligado a desechar muchos contenidos antes incluso de haberlos asimilado.  Este nuevo concepto de existencia a toda velocidad afecta a gran parte de las esferas de la vida, desde la forma de comer hasta como nos vestimos. Estamos en  la era del fast food pero también de la fast fashion. España con Zara y Mango a la cabeza, es líder mundial vendiendo última  moda a precios asequibles. Se compra mucha ropa que se usa poco y que rápidamente se sustituye. El sistema ha provocado que la mayoría seamos consumistas en mayor o menor medida. Parece que  es absolutamente preciso tener mucho de todo, fenómeno sin el cual la moda no existiría. Los anuncios que inundan las calles se encargan de hacernos desear los trapos que luce tal o cual espectacular actriz o modelo. Hay muchas voces críticas con el actual sistema capitalista, pero es indudable que el consumo es un motor económico clave.

Publicidad  de la firma de ropa Mango.

Publicidad de la firma de ropa Mango.

          Este hecho contrasta poderosamente con la manera de entender la moda hace siglos, la vestimenta tenía un alto coste, los cambios de  se producían lentamente y las prendas se cuidaban y reparaban para seguir usándolas ya que todavía no existía una industria como tal que pudiera proveer a las clientas.

Tienda de zapatos del siglo XVI.

Tienda de zapatos del siglo XVI.

          Todo se realizaba a mano  hasta que se inventó la maquina de coser a mediados del siglo XVIII. El “Ir de tiendas” simplemente no existía, fueron las francesas las primeras en  experimentar el placer de ir de compras. En París, siempre a la vanguardia de la moda, se abrieron las primeras boutiques a finales del siglo XVII; antes se celebraban Ferias pero no tenían carácter permanente. Las damas parisinas entendieron que no tenían suficiente con comprar en la Feria anual sino que querían hacerlo en cualquier momento.

Tienda del siglo XVII.

Tienda del siglo XVII. Grabado de la publicación  francesa”Mercure Galant”, que representa un establecimiento de modas de finales del siglo XVII.

          Tal era el valor dado a la ropa que esta era objeto de inventario. El inventario post-mortem era un tipo de documento notarial muy frecuente en el pasado, se realizaba ante “escribano” (clásica denominación de los federatarios públicos) y testigos, consistiendo en una pormenorizada enumeración de todos los bienes muebles e inmuebles del fallecido. El documento comenzaba citando la localidad, la fecha y el nombre completo del finado para situarse en la casa donde iba a tener lugar el recuento de los bienes. A continuación transcribo parte del encabezamiento de un inventario de bienes cualquiera a modo de ejemplo: “En el nombre de Dios, Amén. En la ciudad de Sevilla en veinticuatro días del mes de julio de mil setecientos y veinticuatro años estando en las casas de la morada de D. Juan José de Ariza, mercader de lencería, vecino de dicha ciudad que son en ella en la collación de Nuestro Señor San Salvador en la plazuela que llaman de la Abería. Ante mi, Dionisio Bravo, escribano público de su numero y testigos, pareció el dicho D. Juan José de Ariza a quien doy fe conozco y albacea que quedó de Doña Gregoria Blázquez Calderón su legítima mujer difunta (…) dijo que por fin y muerte de la dicha Dª Gregoria Blázquez Calderón su mujer, quedaron ciertos bienes, caudal y efectos  y para que siempre conste a las personas que a ellos pretendieren tener derecho (…) quería hacer inventario solemne de todos y poniéndolo en efecto lo hizo de la forma siguiente (…).”

Cotilla. hacia 1750. Museo textil y de Indumantaria. Barcelona

Cotilla. Hacia 1750. Museo textil y de Indumentaria. Barcelona

           Lo mas sorprendente es que los documentos recogían no solo las prendas que se encontraban en buen estado sino también las que estaban ya inservibles. Hay que tener en cuenta que al ser un inventario realizado tras el fallecimiento de una persona, la ropa que figuraba en él, había sido usada. Las descripciones son muy curiosas, normalmente se recogía el tipo o tipos de tejido de cada pieza, el color y el forro. Si la prenda era especialmente rica por ejemplo un vestido, se hacía de manera mas exhaustiva: “Un tapapiés y casaca  de tela de plata sobre damasco encarnado forrados en tafetán y guarnecidos con galón de plata”, esta descripción corresponde a un traje formado por falda (tapapiés) y chaqueta (casaca) bastante rico no solo por la tela sino por la guarnición de galón de plata. Las españolas del siglo XVIII usaban mucho el atavío de dos piezas y bajo la casaca  un corpiño. Traspasándolo al momento actual sería como usar un traje de chaqueta compuesto lógicamente por  chaqueta, falda y top.

Antigua tienda de telas. Barcelona 1761.

Antigua tienda de telas. Barcelona. Siglo XIX.

          Hoy en día los inventarios de bienes no son una práctica común, supongo  que las clientas de Alta Costura tendrán sus vestidos a buen recaudo e incluso catalogados ya que son verdaderas joyas en cuanto a materiales y diseño. España cuenta en su haber con dos modistos universales que paradójicamente trabajaron en el extranjero. Mariano Fortuny y Madrazo (1871-1949) en Venecia y Cristóbal Balenciaga (1895-1972) en París. Entre la producción del primero cabe destacar el famoso vestido Delfos, una creación que todavía no ha sido superada.

Vestido de Boda de la reina Fabiola. Cristóbal Balenciaga. 1960.Museo Balenciaga.

Cristóbal Balenciaga. Traje de novia de la reina Fabiola. 1960.Museo Balenciaga.

          Por su parte, Balenciaga está considerado uno de los padres de la alta costura, no solo diseñaba y sino que  poseía una increíble destreza cosiendo. Era un arquitecto de la ropa, un genio que se inspiraba en corrientes artísticas como el cubismo o en los maestros españoles del Barroco. Los diseños de ambos creadores se consideran obras de arte del siglo XX.

Mariano Fortuny. Vestido Delfos.

Mariano Fortuny. Vestido Delfos.

Mariano Fortuny. Vestido Delfos.

Mariano Fortuny. Vestido Delfos.

Balenciaga, vestido de encaje color negro. Museo Balenciaga

Cristóbal Balenciaga, vestido de encaje color negro. 1963. Museo Balenciaga. Guetaria.

          Volviendo al pasado, es interesante saber que en ocasiones, los inventarios iban seguidos de otro documento llamado “Aprecio de bienes” en el que se repetía la misma estructura del inventario pero incluyendo el precio de cada prenda, por ejemplo: “Un delantal blanco de bretaña viejo en dos reales” o “Una chupa de damasco negro forrada de tafetán en treinta y siete reales y medio”. En las prendas que habían sido usadas figuraba su estado de conservación,  la palabra “demediado” significaba que había perdido la mitad de su valor pero también me he encontrado con piezas “bien tratadas”, con algunas “viejas y desbaratadas”  y también en un estado tan deplorable que aparecen “hechas añicos”.

Pareja de guantes bordados. Siglo XVIII.

Pareja de guantes bordados. Siglo XVIII.

Medias del siglo XVIII. Museo del Traje. Madrid.

Medias del siglo XVIII. Museo del Traje. Madrid.

          Lo verdaderamente interesante es que se tomaba nota de todo ya fuera costoso o inservible. En los documentos, por tanto, no solo aparecen vestidos, mantillas, mantos y guantes sino también prendas íntimas como medias, corpiños, calzoncillos, enaguas, camisones y fajas. Al ser tan exhaustivos, los inventarios de bienes nos permiten conocer como se vestía y que telas y colores estaban a la última. Algo supuestamente tan frío como un documento notarial arroja un profundo conocimiento sobre la moda y las costumbres de siglos pasados, a través de ellos podemos conocer las tendencias, los precios y los paulatinos cambios que iban produciendo en los armarios y arcas de nuestras antepasadas.

Inventario de bienes de 1677. Loja. Granada

Inventario de bienes de 1677. Loja. Granada

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Cabezas con importancia

Me he sentado a ver los anuncios de la tele con el fin de poder confirmar una idea que tenía en mente, y es que buena parte de la publicidad destinada a las mujeres tiene como objeto el cuidado del cabello. Actrices y cotizadas modelos prestan sus melenas para vender todo tipo de productos que conseguirán que nuestro pelo luzca radiante, con cuerpo y sin una sola cana. La marca francesa L´Oreal cuenta desde hace mas de veinticinco años con la actriz Andie Macdowell para publicitar su coloración. La americana luce unos espléndidos cincuenta y cinco años con su espectacular melena en el anuncio de Excelence, convenciendo a millones de consumidoras de la calidad del producto. La lucha contra las canas es una batalla perdida de antemano, a partir de los treinta y tantos empiezan a asomar las primeras y en unos años todo el pelo ha mutado de color. Son muy pocas las mujeres que no se tiñen, en nuestra cultura actual el pelo blanco es sinónimo de edad avanzada y en la era donde se trata de parecer joven a toda costa las canas son rechazadas de plano.

Andie Macdowell.

Andie Macdowell.

          Pero el pelo blanco no estuvo siempre tan denostado, es mas hubo una época en que causó furor. Si prestamos atención a los retratos de buena parte del siglo XVIII reparamos en que reyes, reinas, damas y caballeros de todas las edades, incluso niños, lucen el pelo gris o blanco. Las primeras escenas de la película “Las amistades peligrosas” (Stephen Frears 1988) son muy didácticas en este sentido ya que muestran como era el arreglo matutino de la alta nobleza antes de la Revolución Francesa. Vemos como el vizconde de Valmont (encarnado magistralmente por John Malkovich) es atendido por varios sirvientes que le bañan, visten y acicalan. La última parte de la “toilette” del joven libertino consiste en el empolvado de la peluca previamente seleccionada. Sobre los hombros se disponía un amplio paño llamado peinador para evitar que la casaca se manchara. El rostro se cubría con una máscara en forma de cono y se pulverizaban los polvos de arroz con los que se lograba esa tonalidad cenicienta tan a la moda.

Fotograma de la película "Las amistades peligrosas" donde se aprecian las pelucas de Valmont.- Stephen Frears. 1988.

Fotograma de la película “Las amistades peligrosas” donde se aprecian las pelucas de Valmont.- Stephen Frears. 1988.

John Malkovich en el papel de Valmont. Las amistades peligrosas. Stephen Frears. 1988.

John Malkovich en el papel de Valmont. Las amistades peligrosas. Stephen Frears. 1988.

          En el siglo XVII los franceses comenzaron a usar peluca, Luis XIII fue el primer rey francés en disimular su calvicie y lo mismo hizo su hijo Luis XIV a los treinta y cinco años de edad cuando fue perdiendo su precioso pelo. La moda de las pelucas comenzó hacia 1670, los comerciantes mandaban cortadores de pelo por toda Europa. El largo de la melena apropiado para su fabricación debía tener un mínimo de setenta centímetros de longitud. En 1659 se fundó en París el gremio de “Barberos fabricantes de pelucas”. De esta época data el primer peluquero famoso llamado Champagne y la inauguración de los primeros salones de peluquería regentados por hombres y mujeres. Tal vez lo mas curioso es que antes de la creación de la moda en el vestir (trajes y joyas) surgió la moda del peinado. Para la elaboración de pelucas también se utilizaba pelo de cabra y caballo.

Gian Lorenzo Bernini. Busto de Luis XIV. 1665. Palacio de Versalles.

Gian Lorenzo Bernini. Busto de Luis XIV. 1665. Palacio de Versalles.

          El ampuloso gusto de la corte de Versalles imponía unas enormes pelucas de pelo largo y rizado. La cabeza masculina se asemejaba a la de un león solo que un poco mas ordenada. Las pelucas de pelo tan largo exigían una gran cantidad de “género” por lo que su precio solo estaba al alcance de los mas pudientes. En cuanto al color el mas valorado en Francia fue el rubio ceniza y en Inglaterra el negro azabache, es decir, lo que mas escaseaba en cada país correspondiente. El hombre siempre descontento con lo que tiene busca y desea de lo que carece.

Nicolas de Largillière. Retrato de Jacobo II de Inglaterra. 1686. Museo Marítimo Nacional.

Nicolas de Largillière. Retrato de Jacobo II de Inglaterra. 1686. Museo Marítimo Nacional.

          Después de varias décadas de “pelucones” los hombres se liberaron un poco adoptando apéndices capilares mas sencillos en cuanto a forma y tamaño. A mediados del siglo XVIII según apreciamos en las pinturas, los hombres lucían unos pequeños rizos a los lados de la cabeza recogiendo el postizo con una lazada en coleta o trenza. La ventaja del uso de las pelucas no solo era disimular la calvicie sino que siempre se iba bien peinado.

Jean-Baptiste Simeón Chardin. El niño de la peonza. 1738. Museo del Louvre. Paris.

Jean-Baptiste Simeón Chardin. El niño de la peonza. 1738. Museo del Louvre. Paris.

          Las damas se apuntaron a esta estrafalaria moda bien entrado el siglo XVIII, el primer cambio se produjo empolvando su pelo natural de blanco. El estilo Luis XV presentaba cabezas pequeñas con un sencillo moño dispuesto en la coronilla. Los escotes eran amplios, lo que junto al sencillo peinado hicieron cobrar protagonismo a los pendientes que alcanzaron un tamaño considerable. Los disparatados peinados que se lucieron por toda Europa antes de la Revolución Francesa, de los cuales María Antonieta fue su principal valedora merecerán un capítulo aparte. Es preciso señalar que cuando la archiduquesa llegó a Francia para casarse con el futuro Luis XVI en 1770, los moños de las damas ya habían empezado a tender a la verticalidad y a complicarse introduciendo en ellos adornos como flores, cintas y plumas. El Siglo de las Luces llevó las cabezas a unas cotas de lujo y sofisticación que hasta ahora no han sido superadas.

Anton Rafael Mengs. Retaro de María Luisa de Parma . Detalle. 1765. Museo del Prado. Madrid.

Anton Rafael Mengs. Retrato de María Luisa de Parma. Detalle. 1765. Museo del Prado. Madrid.

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Belleza a la carta.

La mujer sufre en la actualidad una gran presión desde distintos sectores,  al papel que ha desempeñado a través de los siglos se han sumado nuevos roles. Ya no basta con ser una esposa-madre diligente y eficaz en todos sus quehaceres. Hace ya décadas la mujer entró de lleno en las universidades y como consecuencia en el mercado laboral. Los horarios de la madre trabajadora son ciertamente intensos, llegan cansadas del trabajo y deben atender las necesidades de sus hijos, que no son pocas. El stress surge de la falta de tiempo y a veces del cargo de conciencia de no poder dedicar toda la atención que los niños precisan.

          La esperanza de vida se ha disparado a lo largo del siglo XX, los adelantos en medicina han conseguido que el promedio de vida en España sobrepase los ochenta años. La alta mortalidad femenina a causa de problemas devengados del parto ya forma parte de la historia. En la actualidad el problema estriba en el envejecimiento de la población. Con el paso de los años llega a veces, la sabiduría pero también las arrugas y la flacidez. La publicidad acosa constantemente a las mujeres para que parezcan mas jóvenes y bellas utilizando tal o cual producto. Los medios de comunicación bombardean incesantemente con todo tipo de productos de belleza: cremas, “serums“, aceites, lociones etc… con los que se supone no perderemos la ansiada (e irrecuperable) juventud.

Estee Lauder advanced night repair.

Estee Lauder advanced night repair.

          Se nos ofrece la idea de que la mujer perfecta es posible y factible. La fémina del siglo XXI puede ser guapa, esbelta, elegante, exitosa en su trabajo y buena madre todo a la vez; pero es muy difícil reunir todos estos dones en una sola persona por lo que en ocasiones se crea un sentimiento generalizado de insatisfacción con el propio físico. Para que tantas virtudes y facultades sean posibles es preciso una enorme cantidad de trabajo, esfuerzo, disciplina y dinero aparte de poseer un buen físico.

Jane Fonda.

Jane Fonda.

          Sería una frivolidad pensar que la belleza es un asunto banal. El género humano se siente atraído por lo bello en sus mas diversas facetas y sentidos. Evidentemente no todo el mundo nace agraciado pero mantener un buen estado físico y un aspecto agradable tiene un alto precio ya que hay que dedicarle tiempo y energía. Una mujer madura ya no es una venerable abuelita vestida de negro con moñito blanco sino que usa pantalones y lleva el pelo suelto. La noción de belleza física no ha permanecido inmutable a través de los siglos, cada época y cultura han tenido sus preferencias. Hace siglos gustaban las mujeres rubias, de piel inmaculada, ojos claros y rasgos delicados. En la pintura italiana podemos comprobar lo que se consideraban mujeres bellas en esa época. Venus es la diosa del amor y los pintores del renacimiento encarnaron en ella el ideal de belleza. Los maestros italianos vieron a Venus en mujeres jóvenes con maravillosa caballera rubia, piel blanca y pecho pequeño. Las Venus de Boticelli o de Tiziano son el prototipo de belleza femenina del siglo XVI.

Domenico Tinttoreto. La dama que descubre el seno. Siglo XVI. Museo del Prado. Madrid.

Domenico Tinttoreto. La dama que descubre el seno. Siglo XVI. Museo del Prado. Madrid.

Tiziano Vecellio. La venus de Urbino. 1530. Galeria de los Uffizi. Florencia.

Tiziano Vecellio. La venus de Urbino. 1530. Galeria de los Uffizi. Florencia.

          La manera de enfocar la vida y las relaciones con el propio cuerpo han sufrido modificaciones cruciales en muy corto espacio de tiempo. A mi juicio es necesario reivindicar la belleza a todas las edades ya que esta no solo es atributo de la juventud sino que hay muy diversos tipos de belleza y muy distintas maneras de enfocarla y apreciarla. Los espectaculares adelantos en el campo de la cirugía estética han provocado, en ocasiones, en una huida hacia delante. Vemos a actrices con la cara excesivamente estirada, labios voluminosos y pechos extrañamente  grandes en cuerpos muy delgados por no hablar de narices a la carta. Me ha sorprendido que a los cirujanos plásticos les reclamen apéndices nasales como los de Kate Milddelton o Angelina Jolie, como si los rasgos de una determinada persona encajaran en cualquier otro rostro, sin prestar atención a los elementos restantes. Muchas veces me pregunto si simplemente es una moda pasajera llevada al extremo o si para tener éxito profesional es preciso hacerse “arreglos”. El tiempo pasa inexorablemente y las arrugas solamente son un síntoma mas pero por desgracia, no el único.

Angelina Jolie.

Angelina Jolie.

Meg Ryan.

Meg Ryan.

Meg Ryan.

Meg Ryan después de una lamentable cirugía.

          Probablemente Oscar Wilde no habría podido imaginar que su novela “El retrato de Dorian Grey” publicada en 1891 estuviera tan a la última. El joven Dorian representa el arquetipo del narcisismo; se adora a sí mismo, es guapo, rico y elegante. Su vanidad le lleva a vender su alma para que su belleza y juventud permanezcan inalterables pero su espíritu  se va depravando, todos los placeres le cansan rápidamente y se envilece. Mientras los demás envejecen Dorian permanece incólume al paso de los años.

El retrato de Dorian Gray. Fotograma  de la película basada en la novela de Oscar Wilde. 2009.

El retrato de Dorian Gray. Fotograma de la película basada en la novela de Oscar Wilde. 2009.

          La búsqueda de la juventud a cualquier precio es un asunto en el que siempre se va a perder ya que el paso del tiempo es inevitable e inexorable. Es preciso y  además sano aceptar el paso del tiempo con naturalidad y dignidad. En su breve relato el genial escritor irlandés desgrana los peligros que acechan a las personas vanidosas y pagadas de sí mismas.

Michelangelo Merisi. "Caravaggio". Narciso.1594-96. Galería Nacional de Arte Antiguo. Roma.

Michelangelo Merisi. “Caravaggio”. Narciso.1594-96. Galería Nacional de Arte Antiguo. Roma.

         Tal vez la cultura actual esté excesivamente interesada en la forma y poco en el fondo, vivimos en un mundo vertiginoso y no nos paramos a recapacitar en lo esencial. La belleza es un conjunto de dones que abarcan lo físico pero también lo psíquico y aunque la cirugía permita mejoras considerables, la belleza no se puede comprar.

Sandro Botticelli. Nacimiento de Venus. Detalle. Fecha. Galería Uffici. Florencia

Sandro Botticelli. Nacimiento de Venus. Detalle 1484. Galería Uffici. Florencia

Ava Gardner.

Ava Gardner.

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El té, institución inglesa desde el siglo XVIII

Publicado en Diario de Sevilla el 21 de marzo de 2013

En la actualidad el té es la bebida mas consumida en el mundo después del agua. Esta infusión  se elabora a partir de las hojas de la Camelia Sinensis, una planta  originaria de China. En el siglo XVII llegan a Europa las primeras noticias sobre el té a través de los viajeros que alcanzaron tan remotos lugares. Los holandeses fueron los primeros en importarlo a Europa hacia 1610, su precio era alto y se dispensaba en farmacias. Resulta curioso que en un principio se usara como remedio medicinal  para los dolores de cabeza  o la gota.

Dibujo de Thomas Hosmer Shepherd. c.1817. East India House en Leadenhall Street. Londres.

Dibujo de Thomas Hosmer Shepherd. c.1817. East India House en Leadenhall Street. Londres.

          Paradójicamente el té llegó a Inglaterra desde Holanda, aunque Francia lo había conocido con anterioridad a través de los misioneros jesuitas. La gran  idea de añadirle azúcar  aumentó su popularidad. El consumo se propagó rápidamente gracias a la apertura de establecimientos llamados Cafés, que normalmente eran frecuentados por hombres. El primero se abrió en Londres en 1652, y en menos de cien años la ciudad ya contaba con mas de 550.

Juego te Wedgwood. Museo Cerralbo. Madrid.

Wedgwood. Juego de té. Museo Cerralbo. Madrid.

          En el siglo XVIII se produjo una gran demanda de té en Inglaterra, la infusión se puso de moda ya que era una bebida agradable y no alcohólica. A partir de 1720 la variedad mas consumida fue el té negro generalmente  diluido con un poco de leche, mientras que en Francia lo preferían suave y aderezado con limón.  El sabor de los tés que bebemos ahora  es mucho mas intenso que el de aquellos tiempos.

Mary Cassatt. El té de las cinco. 1880.

Mary Cassatt. El té de las cinco. 1880.

          Las mujeres desempeñaron un papel crucial  en el inicio de esta costumbre; la señora inglesa recibía a sus visitas para tomar el té en su sala más lujosamente amueblada (en España la dama lo hacía en la sala de estrado y se tomaba chocolate),  su consumo se convirtió en un ritual doméstico,  social y  en una parte fundamental de la dieta británica.

Kate Middleton tomando una taza de te.

Kate Middleton junto a su marido el príncipe Guillermo, tomando el té en un acto oficial.

          La competencia entre las diversas compañías hizo que los precios fueran bajando progresivamente pero lo que resultó un avance significativo fue la supresión en 1784 del impuesto que lo gravaba. Aunque su precio fue paulatinamente decreciendo por lo que ya podía ser disfrutado por diversas capas sociales, es preciso destacar que hacerse con un servicio de té resultaba costoso; solo las personas adineradas podían permitirse teteras de plata y tazas de porcelana.

James Young y Orlando Jackson. "The Garrick tea service". Plata y marfil. Londres. Museo Victoria & Albert. 1774-75.

James Young y Orlando Jackson. “The Garrick tea service”. Plata y marfil. Londres. Museo Victoria & Albert. 1774-75.

          Un juego constaba normalmente  de una tetera, un azucarero, una jarrita para la leche, una caja para guardar el té, una jarra para el agua hirviendo y una bandeja, estas dos últimas piezas eran las mas caras; a este conjunto había que añadirle  las tazas con sus correspondientes platos y las cucharitas de plata. Las pinturas de la época nos muestran como  el servicio de  té era  colocado sobre un trípode de madera.  La señora de la casa, o en su defecto su hija, hacía los honores y preparaba la infusión delante de los invitados, ella misma sacaba el té de su cajita, lo ponía en la tetera y añadía el agua hirviendo, para acompañarlo se solía tomar  pan con mantequilla. A partir del siglo  XIX el té venía preparado desde la cocina.

Jean Etienne Liotard. Juego de te. 1781-83.

Jean Etienne Liotard. Juego de te. 1781-83.

          Lo oriental se puso de moda en el siglo XVIII, se admiraba la magnífica calidad de su   porcelana  por  su blancura y  transparencia por no hablar del equilibrado y perfecto uso de los colores.  En aquellas lejanas tierras el té se bebía en bowls, las tazas con asa no empezaron a fabricarse en Europa hasta 1730-1740. Las porcelanas china y japonesa eran muy apreciadas e imitadas, varias manufacturas europeas trataban de dar con la fórmula para fabricarla,  pero no fue hasta 1708 y después de muchos intentos fallidos cuando en Meissen (Alemania) se logró por fin obtener el apreciadísimo material.

Pieter Gerritsz van Roestraeten. Bodegón con juego de te chino. Segunda mitad del siglo XVII. Gemäldegalerie. Berlin

Pieter Gerritsz van Roestraeten. Bodegón con juego de te chino. Segunda mitad del siglo XVII. Gemäldegalerie. Berlin

          La gran relevancia social que adquirió tomar el té a lo largo del siglo XVIII se pone de manifiesto en el regalo que Luis XV le hizo a su esposa María Leszczynska por el nacimiento del delfín (hecho trascendental en Francia donde estaba en vigor la ley sálica por la cual las mujeres no podían reinar), no fue obsequiada con una valiosa joya sino con un precioso neceser que contenía entre otras cosas un juego de té.

Henry-Nicolas Cousinet. Neceser ofrecido por Luis XIV a María Leszcynska por el nacimiento del delfín de Francia. 1729. Museo del Louvre. Paris.

Henry-Nicolas Cousinet. Neceser ofrecido por Luis XV a María Leszczynska por el nacimiento del delfín de Francia. 1729. Museo del Louvre. Paris.

          El regalo del rey fue fabricado hacia 1729, se conserva en el museo del Louvre y está compuesto por diversas piezas entre las cabe destacar: una chocolatera, una cafetera y una lechera de plata dorada, un bote para el té, tazas, platos, pinzas, cucharitas y tetera. Es un ejemplo perfecto de refinamiento y la constatación de que una simple infusión oriental había transformado las costumbres en algunos países europeos.

La reina invitó a 8.000 personas a tomar te como manda la tradición.

La reina invitó a 8.000 personas a tomar te como manda la tradición.

          Otra muestra de la importancia social de la ceremonia del te es que el martes 22 de mayo de 2012, la reina Isabel de Inglaterra invitó a 8.000 personas a tomar el té en su jardín del Palacio de Buckingham, una tradición que coincidió ese año con la celebración de sus 60 años en el trono. Este acontecimiento se consideró de buen augurio para los  festejos del primer fin de semana de junio con los que se celebró el Jubileo de Diamantes de la Reina, que llegó al trono en 1952. La soberana invitó a tomar el té y pasteles a personas de todo el país, tal y como lo dicta la tradición de 1860, cuando fue instaurada con el nombre de “desayunos” por la Reina Victoria. En promedio, se consumieron una media de 27.000 tazas de té, 20.000 sandwiches y 20.000 trozos de tarta, que fueron servidos por unos 400 camareros. Además de las fiestas en Buckingham, Isabel II celebró otra similar en su Palacio de Holyroodhouse (Escocia), por lo que el número total de invitados cada año roza las 30.000 personas.

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El otro significado de la palabra cotilla.

Dedicado a Reyes, perfeccionista, tenaz y aguda.

El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra cotilla como: “Persona amiga de chismes y cuentos”. Todos sabemos lo que significa ser un cotilla ahora bien esta palabra tiene otro significado caído en desuso que alude a una pieza de la ropa interior femenina muy usado en el siglo XVIII. El diccionario la recoge de la siguiente manera: “Ajustador que usaban las mujeres, formado por lienzo o seda y de ballenas”.

Cotilla de seda. Hacia 1750. Museo del traje. Madrid.

Cotilla de seda. Hacia 1750. Museo del traje. Madrid.

          La cotilla era un corpiño con ballenas que se colocaba sobre de la camisa, levantaba y ensalzaba el pecho, estrechaba la cintura y se ataba con cintas por detrás o por delante, tal y como vemos en las piezas conservadas en el Museo del Traje de Madrid. La camisa era una segunda piel y la pieza básica de ropa interior para ambos sexos. En los siglos XVI y XVII la retratística pone de manifiesto que algunos modelos de traje femenino dejaban el escote y las mangas de la camisa al descubierto; las llamadas mangas perdidas ( parcialmente abiertas) también la mostraban. Normalmente los encajes de la camisa estaban estratégicamente colocados en lugares donde se pudieran lucir.

Rafael Sanzio. Dama velada. Oleo sobre lienzo. 1515. Palacio Pitti. Florencia.

Rafael Sanzio. Dama velada. Oleo sobre lienzo. 1515. Palacio Pitti. Florencia.

          En “El intruso” obra del pintor holandés Metsu fechada hacia 1660, vemos una escena de interior que nos muestra a una dama a medio vestir. Un caballero entra en su dormitorio mientras la criada lo frena. La señora se encuentra  en medio de su toilette; si nos fijamos detenidamente observamos que lleva un precioso corpiño cuyas mangas son independientes y se atan al cuerpo por medio de cintas, debajo asoma la camisa.

Gabriël Metsu. El intruso. National Gallery. Washington. EEUU

Gabriël Metsu. El intruso. National Gallery. Washington. EEUU

Corpiño. Hacia 1660.

Corpiño. Hacia 1660.

          La moda femenina del siglo XVIII apostó por la sensualidad, las líneas básicas de la silueta ya no se encubrían sino que se enfatizaban. El amplio escote se puso de moda para escándalo de algunos y disfrute de la gran mayoría, aunque las damas comenzaron a mostrarlo allá por la Baja Edad Media. Desde el siglo XIV el escote había gozado de momentos álgidos, no así en España donde el puritanismo estaba a la orden del día en cuestiones de vestimenta. A finales del siglo XVII el escote empezó a asomar tímidamente, en un principio era recto pero poco a poco fue bajando dejando los hombros al descubierto aunque las mangas seguían cubriendo los brazos por completo.

          En las cartas de dote la aparición de corpiños (cuerpo sin emballenar) y cotillas es una constante. La ropa interior se confeccionaba con lino, llamado lienzo en la época. Los tejidos fabricados con este material eran diversos, los había bastos y finísimos (muchos importados de Francia y Países Bajos). La crea y la estopilla eran baratas, el bramante y la holanda (también llamada olan y olandilla) mas caros. En los documentos de la época he encontrado cotillas de otros materiales, como raso y damasco de los mas variados colores. Las piezas mas lujosas se guarnecían con encajes, a lo largo del siglo XVIII se produjo una eclosión de la industria encajera sobre todo en Francia, cuyo gobierno protegió y propulsó sabiamente diversas manufacturas hasta inundar toda Europa con sus maravillosos y apreciadísimos trabajos.

Cotilla de seda. Andalucía. Hacia 1770. Museo del Traje. Madrid.

Cotilla de seda. Andalucía. Hacia 1770. Museo del Traje. Madrid.

          La cotilla desembocó en el corsé en el siglo XIX, este se convirtió en la prenda básica de la ropa interior femenina y  la primera pieza fabricada masivamente. Ya no era factible su fabricación en casa debido a su complejidad, se utilizaban materiales muy resistentes y luego se forraban con tejidos mas ricos como la seda. La moda era la cintura de avispa pero se llegó a tal extravagancia que algunos médicos alertaron de lo peligroso que era para la salud tener el torso tan comprimido por las ballenas.

Corsé. Siglo XVIII. Metropolitan Museum of Art. Nueva York. EEUU.

Corsé. Siglo XVIII. Metropolitan Museum of Art. Nueva York. EEUU.

          Hace unos meses ha trascendido a los medios un impresionante hallazgo en el Castillo de Lemberg en Austria. Se trata de varias piezas de ropa interior femenina del siglo XV pero lo mas sorprendente es que han aparecido dos sostenes y una especie de braguita. Por lo tanto los investigadores tendrán que reescribir la historia ya que por lo visto el sostén ya estaba inventado mucho antes de que el modisto francés Paul Poiret lo diera a conocer  en 1907.

Ropa interior del siglo XV hallada en el castillo de Lenberg. Austria.

Ropa interior del siglo XV hallada en el castillo de Lenberg. Austria.

Sostén del siglo XV.

Sostén del siglo XV.

          La historia es algo vivo y en permanente evolución de igual modo que la primitiva cotilla, hoy reconvertida en los maravillosos corsés que usan las “celebrities“.

Corpiño diseñado por Jean Paul Gaultier.

Corpiño diseñado por Jean Paul Gaultier.

Madonna con el corpiño diseñado por Jean Paul Gaultier.

Madonna con el corpiño diseñado por Jean Paul Gaultier.

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El inventario de un zapatero.

Los documentos notariales son una herramienta imprescindible para el estudio de la moda de siglos pasados. Los llamados inventarios capitales eran relativamente frecuentes y tenían por objeto, las mas de las veces, hacer un recuento de los bienes del futuro marido antes de contraer matrimonio. En este caso voy a referirme al inventario de un maestro zapatero llamado Juan que vivía en el barrio sevillano de La Alfalfa. El tal Juan acudió ante el escribano público para poner en negro sobre blanco todas sus pertenencias  antes de pasar por el altar. El documento fechado en 1719 dice literalmente: “…para que en todo tiempo conste los bienes que este otorgante lleva al dicho matrimonio quiere hacer capital de ello y poniéndolo en efecto lo hace de las siguientes partidas”. Según he podido constatar era relativamente frecuente que el contrayente  acudiera al notario para dar fe de todos sus bienes muebles e inmuebles; la esposa o su familia lo hacían siempre ya que la carta de dote era imprescindible.

Zapatos. Inglaterra.1720.

Zapato. Inglaterra.1720.

          Juan era maestro zapatero de opera prima, es decir, desempeñaba su profesión después de haber aprendido el oficio y  superar el examen de maestría. Aunque ser zapatero era considerada una profesión humilde, el de opera prima  estaba en lo mas alto del escalafón, es decir, no era un vulgar remendón sino que fabricaba zapatos. Para mí, lo mas interesante de este inventario es la pormenorizada descripción que se hace de todo el género que se hallaba en el taller, como distintos tipos de calzado, hormas, tacones, pieles y diferentes  utensilios. De su lectura se sacan varias conclusiones: las hormas  de hombre y mujer eran diferentes, siendo mas caras las de los hombres ( el par de hormas para hombre se valoran en cuatro reales y las de mujer en tres reales).   El pie derecho no se diferenciaba  del izquierdo porque la horma era recta, el pie tenía que ir adaptándose al zapato.

Zapatos de niño. Probablemente Francia. 1730.

Zapatos de niño. Probablemente Francia. 1730.

          El par de zapatos para hombre se valoran en quince reales frente a los doce reales de los femeninos. Durante buena parte del siglo XVIII ambos sexos usaron tacones, mas altos y esbeltos los de las mujeres. Los tacones de aguja hicieron su aparición en Francia a finales del siglo XVII, los primeros grabados de moda datan de esa época; en ellos vemos a damas elegantísimas luciendo tacones altos y bastante finos.Las señoras también usaban zapatos sin talón llamados chinelas para estar por casa (como unas zapatillas de lo mas refinado) y también para salir a la calle. La  famosa pintura “El columpio” de Fragonard muestra a una dama lanzando la chinela a su amante que se dispone a recogerla embelesado.

Jean Honoré-Fragonard. Los felices azares del columpio. 1767-68. Wallace Collection. Londres.

Jean Honoré-Fragonard. Los felices azares del columpio. 1767-68. Wallace Collection. Londres.

          El calzado solía ser alto de empeine y con grandes hebillas. En cuanto a los materiales se usaban desde las pieles mas sencillas hasta los costosos cordobanes pasando por ricos tejidos como sedas y damascos. Una de las distinciones sociales clave  en materia de calzado eran los tacones de color rojo, honor  reservado a los caballeros mas principales. En retratos de la época podemos observar como los tacones femeninos solían estar forrados de la misma tela que el resto del zapato.

Hebillas. Inglaterra. 1777-85.

Hebillas. Inglaterra. 1777-85.

Hebillas para zapatos masculinos con su caja. Francia. 1785

Hebillas para zapatos masculinos con su caja. Francia. 1785.

          Las hebillas podían ser de metal, plata u oro, e incluso llevar piedras naturales o artificiales. Debido a lo perecedero de sus materiales y a su función el calzado duraba poco y han llegado pocos ejemplos a nuestros días.

Ledger. Zapatero. 1795. Londres.

Ledger. Zapatero. 1795. Londres.

          En los museos de indumentaria podemos contemplar lo delicado de su forma y su diseño, lo original de sus telas estampadas y colores; pero tal vez lo que mas nos sorprende es el tamaño tan increíblemente  pequeño de los pies de nuestras antepasadas. Las mujeres hemos crecido en tamaño pero la pasión por los zapatos bonitos permanece intacta. Trescientos años después el genial Manolo Blahnik, considerado el mejor zapatero del mundo,  coloca  preciosas y grandes hebillas en sus famosísimos Manolos; por lo que podemos afirmar sin temor que la moda se reinventa constantemente.

Manolos con hebillas de piedras.

Manolos con hebillas de piedras.

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