Carlos V nació en un retrete

Publicado en el Diario de Sevilla el 10 de abril de 2014

En 1496 se celebró en Flandes el matrimonio por poderes entre Doña Juana de Trastámara, hija de los Reyes Católicos, y el archiduque Don Felipe de Habsburgo, hijo del emperador Maximiliano I y de María de Borgoña. Esta boda junto con otras, fue programada para aislar a Francia que se estaba consolidando como una nación demasiado poderosa para los intereses de los Estados vecinos. Los Reyes Católicos casaron a sus cinco hijos con vistas a establecer una serie de sólidas alianzas políticas. Su primogénita la Infanta Isabel casó con el rey de Portugal, el príncipe Juan con Margarita de Habsburgo, Juana con Felipe, duque de Borgoña y conde de Flandes. La infanta María con el rey de Portugal Manuel I, que había quedado viudo de su hermana Isabel. Por último, Catalina fue desposada con el príncipe de Gales.

Juan de Flandes. Juana la Loca. Hacia 1496-1500. Kunsthistorisches Museum. Viena. Doña Juana luce amplio escote, de moda en la corte flamenca de su tiempo.

Juan de Flandes. Juana la Loca. Hacia 1496-1500. Kunsthistorisches Museum. Viena. Doña Juana luce amplio escote, de moda en la corte flamenca de su tiempo.

          Volviendo al hecho en cuestión, tenemos a la infanta doña Juana, de dieciséis años, lista para embarcar en el puerto de Laredo. Su séquito con destino a los Países Bajos está formado por una armada de nada menos que ciento veinte barcos y miles de hombres. La guerra con Francia no permite que el viaje sea realizado por tierra. Su madre y sus hermanos Juan, María y Catalina han ido a despedirla. La reina está preocupada no sólo por los peligros de la travesía, sino por cómo se amoldará el difícil carácter de la infanta a su nueva vida. Tarsicio de Azcona, biógrafo de Doña Isabel escribió sobre los sentimientos de la madre con respecto a su hija Juana: “la amaba sinceramente, aunque nunca llegó a entenderla y dirigirla”. La joven se enfrenta a un destino desconocido, la corte flamenca es mas alegre y ceremonial que la castellana y no domina el francés aunque con los años lo hablará a la perfección.

Juan de Flandes. Felipe el Hermoso. Hacia 1496-1500. Kunsthistorisches Museum. Viena. Don Felipe porta en su pecho el collar del Toisón de Oro, Orden de Caballería fundada en 1429 por su bisabuelo Felipe III el Bueno, duque de Borgoña.

Juan de Flandes. Felipe el Hermoso. Hacia 1496-1500. Kunsthistorisches Museum. Viena. Don Felipe porta en su pecho el collar del Toisón de Oro, Orden de Caballería fundada en 1429 por su bisabuelo Felipe III el Bueno, duque de Borgoña.

          Después de una complicada travesía la infanta llegó a la localidad de Lila donde tuvo que esperar a su futuro marido nada menos que dieciocho días. Al conocerse se produjo una atracción fulminante, tanta que no pudieron esperar los cuatro días que restaban para la celebración de los esponsales. Mandaron llamar al primer sacerdote disponible, el español Diego Villaescusa, que los casó rápidamente. Esa misma tarde consumaron el matrimonio. La pasión incontenible se adueñó de la nueva condesa de Flandes, una locura de amor no correspondida por Felipe, que frecuentaba el lecho de otras mujeres. Esto no fue óbice para que la pareja tuviera seis hijos sanos que llegaron a la edad adulta, algo muy poco común en aquellos tiempos en los que la mortalidad infantil era pavorosa. Su primera hija, Leonor nació en 1498 y dos años mas tarde Carlos, el futuro emperador. El 24 de febrero de 1500 Juana se encontraba junto a su marido en una fiesta en el palacio de Gante, su estado de gestación era muy avanzado y en medio del ágape comenzó a sentir dolores. Se retiró al retrete y allí sin ayuda de médicos ni comadronas dio a luz a su hijo sin mayor problema. El lloro del recién nacido hizo que las damas fueran en su ayuda, acto seguido se llamó a la partera para que procediera a rematar la operación. El nacimiento en un simple retrete del rey que tuvo bajo su cetro el primer imperio universal de la historia es una auténtica paradoja. Diez días mas tarde Carlos de Habsburgo fue bautizado en la catedral de San Bavón frente al impresionante retablo de la Adoración del Cordero Místico de los hermanos Van Eyck.

Jan y Hubert Van Eyck. Retablo de la Adoración del Cordero Místico. 1432. Catedral de San Bavón. Gante.

Jan y Hubert Van Eyck. Retablo de la Adoración del Cordero Místico. 1432. Catedral de San Bavón. Gante.

Maestro de Georgsgilde. El archiduque Carlos con sus hermanas Leonor e Isabel. 1502. Kunsthistorisches Museum. Viena.

Maestro de Georgsgilde. El archiduque Carlos con sus hermanas Leonor e Isabel. 1502. Kunsthistorisches Museum. Viena.

          La futura y desdichada reina manifestó problemas de salud mental desde el principio pero su vigor físico era extraordinario. De hecho amamantó a sus hijos, algo insólito en una princesa o gran dama de su tiempo y que se consideró otra de sus extravagancias. Juana se sentía deprimida en la corte de Bruselas, las infidelidades de su marido del que tenía una dependencia extrema se le hacían insoportables. Las escenas de celos eran continuas, ella misma había presenciado las inquietudes de su madre. La reina Isabel sufrió mucho por la misma causa; un cronista de su tiempo afirma sobre Fernando el Católico:“..amaba mucho a la Reina, su mujer, pero dábase a otras mujeres”. Su hija Juana dejó escrito de su puño y letra: “…y no sólo se halla en mi esta pasión, mas la Reina mi señora, a quien dé Dios gloria, que fue tan excelente y escogida persona en el mundo, fue asimismo celosa, mas el tiempo saneó a S. A., como plazará a Dios que hará a mí…” Por desgracia esto no fue así, su infiel marido falleció repentinamente en Burgos con tan solo veintiocho años dejando a Juana embarazada y con la razón perdida, pero eso ya es otra historia.

Juan de Colonia. Casa del Cordón. Siglo XV. Burgos. Felipe el Hermoso murió en la Casa de Cordón, residencia del Condestable de Castilla.

Juan de Colonia. Casa del Cordón. Siglo XV. Burgos. Felipe el Hermoso murió en la Casa de Cordón, residencia del Condestable de Castilla.

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La servidumbre

En anteriores ocasiones os he hablado de madame de Alnoy, dama francesa que visitó España a finales del siglo XVII. Este viaje dio como fruto su Relación del viaje a España, interesantísimo libro donde nos habla de las costumbres y usos sociales que se prodigaban en nuestro país. Hoy me voy a referir al asunto del servicio doméstico. Es bien sabido que las casas principales empleaban a numerosísima servidumbre lo cual conllevaba unos gastos astronómicos. La francesa se asombra de la gran cantidad de criados, de su visita al palacio de la duquesa de Osuna cuenta: “En mi reciente visita a la duquesa de Osuna me llamó la atención el gran número de doncellas y dueñas que vi en los salones al pasar. Le pregunté por curiosidad cuantas criadas tenía y me contestó que solamente trescientas, por haberse reducido a ese número el poco anterior de quinientas. El rey observa con mas estricta puntualidad esa tradicional costumbre y carga con fabulosa cáfila de servidores que no le sirven para nada. Me han asegurado que solo en Madrid distribuye a diario, en dinero o en especie, diez mil raciones, consistentes, según la categoría de la persona, en cantidades mayores o menores de estos artículos: carnes, aves, caza, pescado, chocolate, frutas, hielo, carbón, velas, aceite, pan y, en una palabra, todo lo necesario para la vida”.

Ramón Bayeu. La cocina. 1793 .Propiedad de Juan Antonio Pérez Simón. En depósito en el Museo de Bellas Artes de Oviedo.

Ramón Bayeu. La cocina. 1793 .Propiedad de Juan Antonio Pérez Simón. En depósito en el Museo de Bellas Artes de Oviedo.

          Tal vez las afirmaciones de la dama sean exageradas pero es del todo cierto que no solamente la casa Casa Real, sino también los grandes de España debían mantener por su status un excesivo número de personas a su servicio. La fortuna no había solo que poseerla, se debía ostentar. Al fallecer un noble sus criados no podían quedar desatendidos, por consiguiente sus herederos debían hacerse cargo de ellos. Este es uno de los motivos por los que en las casas se juntaban decenas de personas. No sólo había que proporcionales techo y alimento, sino también vestido. A este respecto madame de Alnoy dice: “La segunda causa del exceso de servidumbre consiste en heredar el hijo los criados del padre, aunque pasen de ciento y tenga él otros tantos. Si la fallecida es la madre, entran las criadas al servicio de la hija o de la nuera, y esta norma se aplica de generación en generación porque a los nacidos en la casa no se los despide nunca”. Fernando Díaz-Plaja afirma en uno de sus ensayos: “El capítulo del servicio es importante en el presupuesto del anfitrión, porque la vanidad española le obliga a mantener unos criados que, en realidad, no le hacen falta.”

Francisco de Goya. El quitasol. 1777. Museo del Prado. Madrid.

Francisco de Goya. El quitasol. 1777. Museo del Prado. Madrid.

          La esclavitud también existía en aquella sociedad, muchos habían sido presos en las campañas militares del siglo XVI, siendo la mayoría moros y negros. En teoría, si abrazaban el cristianismo debían ser liberados, pero por lo visto esta condición no siempre se cumplía. Su precio podía alcanzar quinientos escudos, la misma madame de Alnoy compró una esclava negra de nueve años que le costó ochenta. Estas prácticas, que hoy consideramos aberrantes, eran cosa cotidiana y estaban completamente aceptadas por la sociedad, incluso los eclesiásticos tenían esclavos a su servicio. Algunas damas se hacían servir por sus criadas de rodillas, algo que escandalizó a nuestra viajera ya que en Francia esos comportamientos no se estilaban: “Esta es una costumbre a la cual no me puedo acostumbrar porque me parece que tanto respeto sólo debe exigirse para servir a Dios”.

Contrato esclavista de un hombre de 18 años. 1794. Lima. Perú.

Contrato esclavista de un hombre de 18 años. 1794. Lima. Perú.

          El estudio de las dotes ofrecidas por gentes principales a su personal de servicio indica la buena disposición de los amos. Os pongo dos ejemplo concretos, en 1740 don José Bucarelli, conde de Gerena, entregó una sustanciosa dote a su criado Domingo de Cuesta para que pudiera casarse con su también sirvienta María Manuela Vicenta: “…porque el dicho casamiento se hace con mi gusto y beneplácito para que el susodicho pueda mas bien sustentar las cargas del matrimonio le prometo y mando y luego de presente entrego por bienes y dote y caudal conocido de la dicha doña María Manuela Vicenta que a de ser su mujer cinco mil setecientos ochenta y nueve y medio de vellón”. Esta nada despreciable cifra iba destinada a la compra de mobiliario, ajuar doméstico y ropa para la futura esposa, además de una pequeña cantidad en metálico. La dote era un uso social inexcusable y como tal debía ser cumplido. El segundo ejemplo corresponde al año 1730, se trata de una carta de dote otorgada por don Alonso de Soto, presbítero y cura de la parroquia de San Gil, para facilitar el casamiento de su criada Isabel María con un tal Pedro Guerrero de profesión “trabajador del campo”. Don Alonso otorgó seis mil reales para tal fin.

Diego Velázquez. La mulata. 1618. Art Institute. Chicago.

Diego Velázquez. La mulata. 1618. Art Institute. Chicago.

          A finales del siglo XVIII el Estado se decidió a intervenir tratando de atajar el excesivo número de criados por medio de impuestos. Cuantos mas sirvientes, mas carga impositiva, siendo mas costosos los hombres que las mujeres. Por un criado se debía pagar cuarenta reales al año, por dos sesenta, y así sucesivamente. El servicio femenino era mas económico, por una criada se pagaban veinte reales, por dos treinta etc…En esta época el número de esclavos había descendido considerablemente. En Sevilla, he encontrado varios documentos donde se mencionan esclavas turcas trabajando en el servicio doméstico; al no ser consideradas personas aparecen “inventariadas” junto con los muebles, vestimenta y demás ajuar doméstico. Como no eran considerados personas, sus dueños los podían vender o regalar. Han pasado poco mas de doscientos años y aunque las sociedades son imperfectas y queda mucho por hacer, se ha avanzado enormemente en lo relativo a los derechos y dignidad del ser humano.

Ramón Bayeu. El muchacho de la esportilla. 1786. Museo del Prado. Madrid.

Ramón Bayeu. El muchacho de la esportilla. 1786. Museo del Prado. Madrid.

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Semblanza de Carlos V. El prognatismo.

Nada mejor que acudir a las fuentes para conocer de primera mano distintos episodios de la historia por quienes tuvieron la oportunidad de presenciarlos. Me resulta particularmente interesante saber como era el aspecto de determinados personajes muy señalados. Muchas veces el físico está íntimamente relacionado con la personalidad, nos ofrece claves para comprender caracteres y formas de conducta. El insigne historiador Manuel Fernández Álvarez en su biografía titulada Carlos V, el césar y el hombre recoge diversos testimonios sobre la semblanza del emperador escritos por personas que le conocieron personalmente.

Barend van Orley. Retrato de  Carlos V.

Barend van Orley. Retrato de Carlos V.

          La primera de ellas corresponde al año 1525, fecha de la victoria en la batalla de Pavía, momento de inmenso poder y prestigio en la vida del emperador. Su autor, el embajador veneciano Contarini, dice así: “Es de estatura mediana, ni muy grande ni muy pequeño, de color mas bien pálido que rubicundo; de cuerpo bien proporcionado; bellísima pierna, buen brazo, la nariz un poco aguileña, pero poco, los ojos inquietos, el aspecto grave, pero no cruel ni severo; en él ninguna parte de cuerpo se puede afear, excepto el mentón, o sea todo el maxilar inferior, el cual es tan ancho y tan largo que no parece natural de aquel cuerpo, sino postizo, donde sucede que no puede, cerrando la boca, unir los dientes inferiores con los superiores, antes los separa el espacio de grosor de un diente, de donde en el hablar, máxime al terminar la cláusula, balbucea alguna palabra, lo cual frecuentemente no se entiende muy bien…”. Por tanto Carlos V tenía una muy visible anomalía, no sólo estética sino que hacía que el habla le resultase dificultosa. Los retratos de su familia nos indican que era un defecto genético heredado de su abuelo paterno Maximiliano I de Habsburgo.

Berhard Strigel. El emperador Maximiliano y su familia. 1515. Kunsthistorisches Museum. Viena.

Berhard Strigel. El emperador Maximiliano y su familia. 1515. Kunsthistorisches Museum. Viena.

Alberto Durero. Maximiliano I de Habsburgo. 1519. Kunsthistorisches Museum. Viena.

Alberto Durero. Maximiliano I de Habsburgo. 1519. Kunsthistorisches Museum. Viena.

          El prognatismo es una enfermedad de la cavidad oral que presenta una alteración de la forma de la mandíbula que la hace sobresalir del plano de la cara. Se trata, por tanto, de un problema óseo que provoca que las dos mandíbulas no encajen conllevando problemas de salud, sobre todo en el terreno digestivo ya que la mordida no es correcta. El prognatismo parece que hoy en día tiene bastante solución debido a los impresionantes avances médicos, pero en el siglo XVI uno tenía que conformarse con lo que la naturaleza le hubiera dado. Se comprende que Carlos V se dejara barba, es un remedio al alcance de los hombres para disimular esta imperfección. La siguiente descripción del monarca fue escrita por Badoaro, otro embajador veneciano. Han pasado casi treinta años, el emperador ha abdicado y se ha retirado a Yuste: “Es su Majestad cesárea de mediana estatura y aspecto grave. Tiene la frente espaciosa; los ojos azules y que dan muestra de una gran fortaleza de ánimo; nariz aquilina y un poco torcida; la mandíbula inferior larga y ancha, lo que le impide juntar los dientes y hace que no se entienda bien el final de sus palabras. Sus dientes de delante son poco numerosos y cariados; su tez es hermosa, su barba es corta y apuntada. Es bien proporcionado de persona. Su complexión es flemática de origen melancólico. Padece casi continuamente de hemorroides y, a menudo, en los pies y en el cuello de la gota, por la que tiene contraídas las manos. Ha escogido el monasterio de Yuste para vivir allá, a causa de que el aire de ese sitio es el mas propicio de España para el restablecimiento de su salud…”. Por desgracia en Yuste no se restableció su maltrecha saludo sino contrajo el paludismo, enfermedad que le llevó a la tumba en 1558.

Barend van Orley. Retrato de  Carlos V santo emperador romano. Después de 1515. Museo municipal de Bourg en Bresse.

Barend van Orley. Retrato de Carlos V Santo Emperador Romano. Después de 1515. Museo municipal de Bourg en Bresse.

          La última semblanza corresponde al primer marqués de Santa Cruz, don Álvaro de Bazán y Guzmán nos cuenta: “Fue el Emperador don Carlos mediano de cuerpo, de ojos grandes y hermosos, las narices aguileñas, los cabellos rojos y muy llanos…la barba ancha redonda y bien proporcionada, la garganta recia,…ancho de espaldas, los brazos gruesos y recios, las manos medianas y ásperas, las piernas proporcionadas. Su mayor fealdad era la boca, porque tenía la dentadura tan desproporcionada con la de arriba que los dientes no se encontraban nunca; de lo cual se seguían dos daños: el uno el tener el habla en gran manera dura, sus palabras eran como belfo, y lo otro, tener en el comer mucho trabajo; por no encontrarse los dientes no podía mascar lo que comía ni bien digerir, de lo cual venía muchas veces a enfermar…”. De la lectura de estas tres impresiones sacamos como conclusión que Carlos V tenía un físico atlético, estatura media para su época y unos rasgos normales a no ser por su excesivo prognatismo. Este defecto, que heredaron sus sucesores, le causó muchos problemas de salud aunque a decir verdad la alimentación de su cesárea majestad muy rica en grasas y carnes no debió ser de gran ayuda.

Lucas Cranach, el Viejo. Carlos V. 1533. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid.

Lucas Cranach, el Viejo. Carlos V. 1533. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid.

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Crónica de una boda real

Los matrimonios de la monarquía respondían a una serie de complejos intereses diplomáticos. Su finalidad radicaba en asegurar alianzas entre las naciones europeas, que por un motivo u otro, siempre estaban metidas en continuas contiendas bélicas. España y Francia hoy disfrutan de un cordial entendimiento, pero a través de los siglos sus intereses territoriales han estado en disputa. No hay que olvidar la aplastante victoria de Carlos V en la batalla de Pavía (1525) frente a Francisco I. El rey francés que fue hecho prisionero en el campo de batalla, conducido a Madrid y encerrado en la Torre de los Lujanes. Esto no fue óbice para que cinco años mas tarde Francisco I se casara con Leonor de Austria, hermana mayor del emperador y reina viuda de Portugal. Leonor fue una de tantas infantas españolas que ocuparon el trono de Francia. De hecho, Luis XIV uno de los monarcas cruciales de la historia occidental, era hijo de la infanta Ana de Austria. En 1660 con motivo del Tratado de los Pirineos, firmado un año antes y que aseguraba la paz entre las dos naciones, el flamante rey se desposó con su prima hermana, la poco agraciada infanta María Teresa.

Laumosnier. Boda de Louis XIV. Siglo XVII. Museo de Tessé. Le Mans.

Laumosnier. Boda de Louis XIV y María Teresa de Austria. Siglo XVII. Museo de Tessé. Le Mans. Francia.

          Unos años mas tarde y con motivo de un nuevo tratado de paz entre los dos países se concertó la boda de Carlos II de España con la princesa María Luisa de Borbón, primogénita del duque de Orleans, único hermano de Luis XIV. Para hablar de este matrimonio nada mejor que recoger una fuente de la época, los Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla escritos por el caballero sevillano don Diego Ortiz de Zúñiga. Los Anales son una interesantísima obra compuesta por varios  tomos y publicada en Madrid en la segunda mitad del siglo XVII, en ella el insigne autor nos habla de la historia de la ciudad hispalense desde el siglo XIII al XVII. El historiador nos ofrece una crónica de la boda real, que como podemos desprender de su lectura, nada tiene que ver con las que actualmente nos ofrecen los medios de comunicación. El texto, transcrito textualmente, nos informa del complicado proceso que seguían las bodas reales. Este tipo de ceremonias matrimoniales se realizaban por poderes, el rey o el príncipe en cuestión era representado por un caballero de alta alcurnia. En este caso el elegido fue el príncipe de Conti, mientras que María Luisa fue conducida al altar por el Delfín. Una vez efectuado el matrimonio, se disponía todo lo necesario para que la futura princesa o reina iniciara el viaje hacia su nueva patria por lo que muy raramente volvería a visitar su país o ver a su familia. Se puede decir que se utilizaba a las princesas como piezas de ajedrez para tratar de realizar la jugada perfecta.

Anónimo. María Luisa de Orléans. Siglo XVII. Museo Nacional del Palacio de Versalles.

Anónimo. María Luisa de Orleans. Siglo XVII. Museo Nacional del Palacio de Versalles.

          Ortiz de Zúñiga nos informa puntualmente de todas las fechas, lugares y los distintos actos que se celebraron para festejar tan magno acontecimiento. La boda de un rey era sin duda un acontecimiento crucial ya que suponía la continuidad dinástica; para el pueblo era motivo de alegría ya que se celebraban festejos de todo tipo. En Sevilla, por ejemplo, se iluminó la Giralda tres noches seguidas y se dieron “repiques generales”. A continuación habla don Diego: “I En el año antecedente se trataba ya de hacer la paz con la Francia, y confiando el Rey Don Carlos II el éxito feliz de esta empresa al Marqués de los Valbases Don Pablo Espínola Doria, se efectuó en Nimega el 16 de Diciembre de 1678; y á de Enero de este año llegó á Madrid la noticia, la qual fue celebrada el 18 del propio mes. De esta felicidad resultó otra, qual fue el casamiento de S. M. con una de las Princesas de la casa de Francia: y para que tuviera efecto este enlace, pasó desde Bruxêlas el Marqués de los Valbases á Paris de Embaxador Extraordianrio, llegando a aquella Corte, y haciendo su entrada pública el 11 de Junio, siendo esta una de las mas bizarras, y de mayor grandeza que hasta allí se habían visto de esta clase. Celebrados los contratos, dio parte al Rey el Marques con Don Francisco de Urbina, de quedar ajustado el casamiento con la Serenísima Princesa Doña María Luisa de Borbón, hija primogénita del Duque de Orleans, hermano de Luis XIV, y de Henriqueta Ana de Inglaterra; y llegó a Madrid el citado Urbina el 13 de Julio. Divulgada la noticia por la Corte, se llenó de una alegría sin igual, y dispuso para la misma tarde regocijos y fiestas. Aun mas gustosa fue esta nueva á S. M., el queal pasó a visitar a nuestra Señora de Atocha, y dar á esta Señora las gracias. El 31 de Agosto se celebró por poderes en Fontenebleau el casamiento con el Príncipe de Conti, con tanto aparato, grandeza, magestad y gala, que excedió á toda ponderación, según las dilatadas relaciones que entonces se publicáron, y á las quales he seguido.

          2 Salió de Madrid Carlos II el Sábado 21 de Setiembre para ir á recibir á su esposa, habiendo antes visitado á nuestra Señora de Atocha. La Reyna llegó a Irún, é hizo la entrega el Príncipe de Harcurt al Marques de Astorga, nombrado su Mayordomo mayor. Entró en Burgos el Rey á esperar á la Reyna el 5 de Noviembre, en cuya Ciudad recibió S. M. un relox y una corbata de encaxes, con la particularidad de habérsela puesto antes la Reyna, con una cinta de color de fuego. el 19 del propio mes vino la Reyna a Quintanapalla, en donde se vieron SS.MM. , y el Patriarca ratificó los desposorios; y despues de haber comidosaliéron por la tarde en una carroza para Burgos, y al día siguiente hicieron su entrada pública en aquella Ciudad. Llegáron a la Corte el 2 de Diciembre por la tarde, é hicieron su entrada Sábado 13 de Enero del siguiente de 1680. La alegría en esta fue grande; sus fiestas y regocijos mayores; todo demostraba el contento que tenian sus habitadores al ver á una Reyna tan hermosa, gallarda y afable, de un alma grande, y adornada de virtudes.”

José García Hidalgo. María Luisa de Orleans, reina de España. Hacia 1679. Museo del Prado.

José García Hidalgo. María Luisa de Orleans, reina de España. Hacia 1679. Museo del Prado.

Juan Carreño de Miranda. Carlos II con armadura. 1681. Museo del Prado. Madrid.

Juan Carreño de Miranda. Carlos II con armadura. 1681. Museo del Prado. Madrid.

          La vida de doña María Luisa en la corte madrileña distó mucho de la felicidad, al principio no se podía comunicar con su real esposo ya que no sabía castellano, ni él hablaba el francés. Carlos II era un hombre enfermo, muy probablemente impotente y estéril con seguridad. María Luisa no quedaba embarazada por lo que se le empezaron a practicar remedios de todo tipo además de sangrías y purgas. Probablemente las pócimas que le suministraban los médicos dieron al traste con su salud. El 8 de febrero de 1689 se sintió indispuesta,  es muy posible que padeciera un apendicitis que desembocó en peritonitis. El rey, con gran pesar, acompañó a su mujer en la cabecera del lecho. María Luisa de Borbón falleció a los tres días con tan solo veintisiete años de edad.

Sebastián Muñoz. Las exequias de Maria Luisa de Orleans. 1689. Hispanic Society of America.

Sebastián Muñoz. Las exequias de Maria Luisa de Orleans. 1689. Hispanic Society of America.

 

 

 

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La infidelidad

Hasta hace bien poco el matrimonio era para toda la vida, la posibilidad del divorcio era algo que simplemente no se contemplaba. Si existía la separación de “lecho y techo” como reza el la Cuarta Partida de Alfonso X el Sabio (siglo XIII), la cual no suponía una anulación del vínculo. Para la Iglesia Católica el matrimonio es un sacramento indisoluble que conlleva una serie de responsabilidades y obligaciones por parte de los contrayentes, tanto del hombre como de la mujer, no solo en el siglo XXI, sino también hace unos cuantos. Durante el Antiguo Régimen la institución matrimonial seguía unos preceptos diferentes a los actuales, los esponsales se programaban en base a una serie de intereses económicos y sociales. Cuanto mas alta fuera el lugar de una persona en la pirámide social mas importante se hacía el concertar una boda adecuada a sus expectativas. El nacimiento de hijos ilegítimos estaba a la orden del día y afectaba a toda la escala social. El hecho de que los reyes tuvieran bastardos era completamente normal. A Fernando el Católico se le conocen cuatro y sabemos por las crónicas los tremendos ataques de celos que sufría doña Isabel. Por su parte, su nieto Carlos V tuvo cinco hijos bastardos pero con el matiz de que sus nacimientos fueron antes de contraer matrimonio y después de enviudar. Los mas conocidos fueron Margarita de Parma nacida en 1522 y don Juan de Austria en 1545.

Antonio Moro. Margarita de Parma. 1562. Gemäldegalerie. Berlín. La hija mayor del emperador fue nombrada Gobernadora en los Países Bajos en 1559. Contrajo matrimonio con el duque de Parma y fue madre del famoso Alejandro Farnesio.

Antonio Moro. Margarita de Parma. 1562. Gemäldegalerie. Berlín. La hija mayor del emperador fue nombrada Gobernadora en los Países Bajos en 1559. Contrajo matrimonio con el duque de Parma y fue madre del famoso Alejandro Farnesio.

Alonso Sánchez Coello. Don Juan de Austria. 1559-1560. The Art Institute. Chicago. U.S.A. El legendario vencedor en la batalla de Lepanto era hijo de Carlos V  y Bárbara Blomberg. Nacido en Ratisbona fue educado en España según ordenes de su padre por doña Magdalena de Ulloa.

Alonso Sánchez Coello. Don Juan de Austria. 1559-1560. The Art Institute. Chicago. U.S.A. El legendario vencedor en la batalla de Lepanto era hijo de Carlos V y Bárbara Blomberg. Nacido en Ratisbona fue educado en España según ordenes de su padre por doña Magdalena de Ulloa.

          Los matrimonios las mas de las veces eran “arreglados” por los padres, de tal manera que la opinión de los futuros novios no parecía ser tenida muy en cuenta. Estas situaciones provocaban una enorme infidelidad conyugal sobre todo por parte de los hombres. El francés Antonio de Brunel que visitó España en 1655  cuenta: “Cuando se habla de los grandes gastos de los españoles y se desea saber cómo se arruinan, no habiendo entre ellos ni mucha pompa ni mucho lujo, ni teniendo costumbre de ir a las armadas, sobre todo los que han vivido en Madrid me aseguran que son las mujeres las que destruyen la mayor parte de las casas. No hay hombre alguno que no tenga su dama y que no trate con alguna cortesana…Y como nos las hay en toda Europa mas vivas ni mas descaradas, y que entienden mas bien aquel maldito oficio, cuando llega a caer alguno en su red, lo despluman bellísimamente…En ninguna otra ciudad de Europa se encuentran mas a todas horas”. Por tanto parece que era costumbre de los hombres tener una manceba, ya fueran solteros o casados. Parece que esta forma de vivir era algo común en la sociedad española del siglo XVII, del mismo rey para abajo.

Jan Vermeer de Delft. La alcahueta. 1656. Gemäldegalerie Alte Meister. Dresde. Alemania.

Jan Vermeer de Delft. La alcahueta. 1656. Gemäldegalerie Alte Meister. Dresde. Alemania.

          El rey Felipe IV (1605-1665) representa un ejemplo paradigmático en este sentido, a lo largo de su vida tuvo un sinfín de amantes que le dieron hasta treinta hijos bastardos. El mas famoso de ellos fue don Juan José de Austria (1629-1679) fruto de su relación con la actriz María Inés Calderón apodada “la Calderona”. Ese mismo año de 1629, pero unos meses mas tarde nacería el príncipe Baltasar Carlos, es decir, que  reina y  amante estuvieron embarazadas a la vez. El niño, que fue reconocido por el monarca en 1642, tuvo un considerable peso político ya que ocupó diversos cargos de responsabilidad como la dignidad de virrey de Nápoles. Su madre era una jovencísima actriz de teatro que trabajaba en el Corral del Conde y de  la que su católica majestad quedó prendado. La pobre María Inés tuvo que abandonar su carrera, fue desposeída de su hijo y obligada a ingresar en 1642 en el monasterio benedictino de San Juan Bautista en la localidad de Valfermoso de las Monjas, en la provincia de Guadalajara. Un destino nada envidiable pero así se las gastaban los poderosos.

Anómimo. Supuesto retrato de María Inés Calderón. “La Calderona”. Monasterio de las Descalzas Reales. Madrid.

Anónimo. Supuesto retrato de María Inés Calderón. “La Calderona”. Primer tercio del siglo XVII. Monasterio de las Descalzas Reales. Madrid.

          Nada mejor que la opinión de un experto sobre la figura de Felipe IV para retratar su perfil de mujeriego. Recojo las palabras de José Deleito y Piñuela en su libro sobre el “rey galante”: “Tuvo en verdad, Felipe IV instintos de polígamo sultán, a los cuales dio rienda suelta en su juventud, y que, aún en su madurez, cuando, preocupado por temores religiosos, quería ponerles freno, podían mas que su voluntad y le arrastraban a la disipación a pesar suyo. Toda clase de mujeres eran buenas para su erótico deporte: doncellas, casadas, viudas, altas damas, sirvientas de palacio, burguesas, actrices, menestralas y hasta tusonas y cantoneras, como entonces se decía a las que hacían tráfico profesional de su cuerpo”. El viajero Brunel, citado anteriormente, afirmaba por su parte: “El desarreglo de este príncipe duró mucho tiempo, y fue tal, que le hacía caer sobre la meretriz mas tirada que sobre la mas reservada dama”.

Anónimo. Posible retrato de Juan_Jose_de_Austria. Museo del Prado. Madrid.

Anónimo. Posible retrato de Juan Jose de Austria. Hacia 1655-1660. Museo del Prado. Madrid.

          Madame de Alnoy, dama francesa que visitó España en 1679, también recoge en sus escritos la costumbre de los españoles de tener una querida. Aún así, afirma que la separaciones matrimoniales eran muy poco frecuentes a diferencia de Francia. Las obras de teatro de la época están plagadas de referencias al asunto del adulterio, tanto por parte de los hombres como de las mujeres. La honra era considerada la virtud máxima y su depositaria era la mujer. Esta debía llegar virgen al matrimonio, es decir, ser doncella y su comportamiento al frente del hogar un modelo de virtudes, es decir, ser ejemplar como madre y esposa. Estos usos no son lejanos sino que han sido asumidos hasta el siglo XX, en la actualidad el matrimonio se plantea de otra manera. En España el divorcio no estuvo reconocido hasta la constitución de 1931 cuya ley fue aprobada en 1932 durante la Segunda República, siendo derogada en 1939  y restablecida en 1981. Las bodas se regían por una serie de principios que han sido superados, aunque no parece que con éxito ya que las cifras de los matrimonios separados, anulados o divorciados anualmente en España sobrepasa las 100.000 parejas.

William Hogarth. A Harlot´s Progress. Plancha 1de 6. 1731

William Hogarth. La carrera de la prostituta. Plancha 1 de 6. 1731

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La dote

Publicado en el Diario de Sevilla el 18- 03-2014

Durante el Antiguo Régimen las opciones de vida de una mujer eran cuanto menos escasas. En realidad, solamente tenía dos alternativas respetables: el matrimonio humano o el divino. Para cualquiera de ellas la mujer precisaba de una dote que entregar. La dote era extensiva a todas las clases sociales y constituía un requisito imprescindible.

          La soltería era considerada un problema grave, no sólo para la que tuviera que padecerla sino también para la propia familia. En España la institución dotal ha estado regulada desde las Partidas de Alfonso X el Sabio, en concreto se recoge en la Cuarta Partida y dice así:” El algo que da la mujer al marido por razón de casamiento es llamado dote”, aunque parezca mentira no  fue suprimida del Código Civil hasta 1981.

Sir Antony van Dyck. Retrato del pintor Snyders y su esposa. Hacia 1634. Museo Hesen. Kasel.

Sir Antony van Dyck. Retrato del pintor Snyders y su esposa. Hacia 1634. Museo Hesen. Kasel.

          Básicamente la dote estaba formada por una serie de bienes que se podían cuantificar económicamente, tales como casas, tierras, dinero en efectivo, vestimenta, alhajas, mobiliario y ajuar doméstico en general. Tal y como se verifica en las cartas de dote su fin era  ayudar en las cargas que suponía el matrimonio. Este caudal siempre pertenecía a la mujer aunque su administración estaba a cargo del marido. Si la esposa  fallecía pasaba directamente a los hijos y en el caso de no haberlos a los parientes mas cercanos. La ley trataba de proteger los derechos de la mujer aunque dependía del marido del buen uso que éste hiciera de ese capital.  Es preciso destacar que la sociedad del Antiguo Régimen era estamental, lo que significa que la mujer independientemente de cual fuera su clase social estaba en franca desigualdad legal con respecto al hombre, limitada en la administración de su patrimonio y no podía ejercer cargo alguno.

Antoine Watteau. Capitulaciones de boda y baile campestre. Hacia 1711. Museo del Prado.

Antoine Watteau. Capitulaciones de boda y baile campestre. Hacia 1711. Museo del Prado.

           La dote era un documento ante escribano (clásica denominación de los federatarios públicos) y testigos. Reunidos los interesados, es decir, el otorgante y el futuro marido se firmaba una carta de pago y recibo donde se detallaban pormenorizadamente los bienes muebles e inmuebles que contenía. Lo mas habitual era que fuera entregada por el padre de la novia, pero en el caso de haber fallecido la otorgaba  la madre que al ser viuda se convertía en cabeza de familia, y de tal forma era censada. Si la novia era huérfana la dote la entregaba el familiar que la tuviera a su cargo como tíos o abuelos. En el caso de que no tuviera ningún tipo de medios, ella misma debía ahorrar con su trabajo. Los empleos mas comunes eran el servicio doméstico, la fabricación de tejidos y la elaboración de tabaco (siempre con sueldos inferiores a los hombres). He podido comprobar que en ocasiones los señores entregaban la dote a sus criadas o a las mujeres que casaban con sus criados. Su aportación era tan básica que se crearon fundaciones para dotar a doncellas sin recursos con el fin de que pudieran casarse o ingresar en un convento, también era común una partida destinada a tal fin en los testamentos de personas adineradas. El testamento de Isabel la Católica contiene la disposición de otorgar un millón de maravedíes “para casar a doncellas menesterosas” y otro tanto “para que con el puedan entrar en religión algunas doncellas pobres”.

Sir Joshua Reynols. El señor Clive y su familia con una sirvienta negra. 1765. Gemäldegalerie. Berlín.

Sir Joshua Reynols. El señor Clive y su familia con una sirvienta negra. 1765. Gemäldegalerie. Berlín.

Jacob Jordaens. La familia del pintor. Hacia 1621-1622. Museo del Prado.

Jacob Jordaens. La familia del pintor. Hacia 1621-1622. Museo del Prado.

          El estudio de las cartas de dote nos demuestra que  los matrimonios tenían una fuerte endogamia, es decir, se contraían entre miembros de la misma clase social. Los enlaces  de conveniencia eran algo consustancial a todos los grupos, se programaban en las familias respondiendo a intereses económicos y sociales,  sobre todo en la nobleza cuyo fin era ante todo perpetuar la estirpe y los apellidos. Normalmente el padre de la novia elegía al marido y muchas veces la pareja no se conocía hasta el día de la boda. En definitiva, una práctica que hoy nos resulta inadmisible aunque en realidad  no es tan lejana en el tiempo.

William Hogart. Matrimonio a la boda. El contrato de boda. Hacia 1743-1745. National Gallery. Londres.

William Hogart. Matrimonio a la boda. El contrato de boda. Hacia 1743-1745. National Gallery. Londres.

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La mala fama

En 1701 Felipe de Anjou entró en la Península Ibérica para tomar posesión de la Corona española, bajo el nombre de Felipe V. El nieto de Luis XIV regiría el destino de nuestro país durante casi medio siglo. El joven rey salió de Versalles acompañado de su esposa María Luisa de Saboya y de un nutrido séquito de franceses con destino a Madrid. La visión del panorama español en Europa era bastante negativa, la leyenda negra que acompañó al poderoso Felipe II parece que se fue acrecentando con el paso del tiempo. La mala prensa tenía lógicamente mucho de real pero también bastante de inventado. El término “leyenda negra” aparece definido en el Diccionario de la Real Academia de la siguiente manera: “Opinión contra lo español difundida a partir del siglo XVI”.

Antonio Moro. Retrato del Duque de Alva. 1549. Hispanic Society of America. Nueva York. Don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, III duque de Alba fue nombrado Gobernador de los Países Bajos por Felipe II. Sofocó varias revueltas con gran rigor e impuso unas mil condenas a muerte. Es uno de los protagonistas de la llamada leyenda negra.

Antonio Moro. Retrato del Duque de Alba. 1549. Hispanic Society of America. Nueva York. Don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, III duque de Alba fue nombrado Gobernador de los Países Bajos por Felipe II. Sofocó varias revueltas con gran rigor e impuso unas mil condenas a muerte. Es uno de los protagonistas de la leyenda negra.

Jacinto Rigaud. Felipe V. 1701. Museo del Prado. Madrid.

Jacinto Rigaud. Felipe V. 1701. Museo del Prado. Madrid. Vemos al joven rey ataviado a la moda española, de negro y con golilla. De su pecho cuelga el Toisón de Oro y la banda azul de la Orden del Espíritu Santo, principales distinciones de las monarquías española y francesa respectivamente.

          Nuestros antepasados tenían fama de soberbios y arrogantes, este defecto no solo se nos achacaba fuera de nuestras fronteras sino también dentro. El escritor Baltasar Gracián (1601-1658) afirmó de hecho que la soberbia reinó en España. Verdaderamente nuestra nación era bastante desconocida y se asimilaban sus súbditos a los arquetipos trazados en El  Lazarillo, El Buscón o La Celestina: una caterva de granujas, mentirosos, pendencieros y supersticiosos. Un país atrasado, lleno de vagos y fanáticos en comparación con la racional y próspera Europa. La realidad siempre está llena de matices que se deben tener en cuenta para poder acercarse con cierta objetividad a cualquier momento histórico. La llegada de los Borbones, en la persona de Felipe V, supuso el comienzo de un proceso de cambio a todos los niveles, político, económico y también de mentalidad.

Bartolomé Esteban Murillo. Joven mendigo. Hacia 1650. Museo del Louvre. París.

Bartolomé Esteban Murillo. Joven mendigo. Hacia 1650. Museo del Louvre. París.

          Según cuentan las crónicas, lo que mas llamaba la atención de los caballeros españoles que visitaban tierras europeas era la rigidez de movimientos que provocaba su traje. Como ya sabemos, nuestros embajadores vestían de negro con el atuendo perceptivo de la Corte de Madrid. Este “look” había sido seguido en casi todo el continente pero a finales del siglo XVII se encontraba totalmente obsoleto. Me parece muy interesante el hecho de cómo el vestido influye decisivamente en el lenguaje corporal. Hoy en día, aunque disfrutamos de una gran libertad, comprobamos que nuestros movimientos pueden ser diferentes según la ropa que llevemos, para las mujeres no es lo mismo caminar con tacones y falda estrecha que hacerlo con pantalón y zapato bajo. Por lo tanto, es un hecho que la forma de vestir influye decisivamente en la manera de movernos.

Sebastián Herrera Barnuevo. Carlos II. Hacia 1670. Museo del Hermitage. San Petesburgo. El niño aparece viste un alegre traje rojo con corbata a la manera francesa.

Sebastián Herrera Barnuevo. Carlos II. Hacia 1670. Museo del Hermitage. San Petesburgo. El niño viste un alegre traje rojo con corbata a la manera francesa.

          Imaginemos a un país vestido severamente de negro que de repente se lanza a la sensualidad del color, esto es lo que ocurrió en España en los primeros años del siglo XVIII. El proceso fue lento y desigual pero está claro que el estrecho traje negro y la golilla pasaron a mejor vida. En realidad el paulatino cambio comenzó durante el reinado de Carlos II (1665-1700), el último rey de la Casa de Austria contrajo matrimonio con la princesa María Luisa de Orleans (sobrina carnal de Luis XIV) en 1679, por lo que en determinadas ocasiones se vistió “a la francesa” en honor a su amada esposa. En el inventario del rey consta como en su guardarropa había atuendos a la moda gala. Carlos II usaba el traje “a lo militar” (así se llamaba en España el traje masculino al estilo francés)·cuando no estaba en la capital, mientras que para los actos oficiales llevaba el severo traje negro. El rey contaba con los servicios de un sastre francés y se sabe que en los últimos años de vida vistió mas al modo extranjero. Su sucesor en el trono siguió las pautas de la Corte en cuestión de indumentaria, su sabio abuelo Luis XIV le aconsejó que fuera muy prudente y que de ninguna manera desairara a sus nuevos súbditos. Por tanto, fue un cambio gradual y sin imposiciones por parte del poder. El joven Felipe no contaba con la debida preparación para asumir tan ingente tarea a lo que se debe añadir que tampoco hablaba el castellano. Aún así, el rey y sus ministros convinieron en acabar con la tremenda mala fama que tenía España.

Juan Carreño de Miranda. El rey Carlos II con armadura.1681.Museo del Prado. Carlos II lleva corbata de encajes a la moda francesa.

Juan Carreño de Miranda. El rey Carlos II con armadura. 1681. Museo del Prado. Carlos II lleva corbata de encajes a la moda francesa.

          A continuación transcribo un texto de una colección de viajes de 1783 para que os hagáis una idea de la pésima visión que se tenía de nuestra madre patria en una fecha tan avanzada: “Nada excepto la necesidad puede inducir a alguien a viajar por España: debe ser idiota si hace el tour de este país por mera curiosidad, a menos que pretenda publicar las memorias de la extravagancia de la naturaleza humana. En este caso, no puede hacer mejor, porque en todos sitios encontrará orgullo, bajeza, pobreza, ignorancia, fanatismo, superstición y ridículas ceremonias”. Se me ocurre que pensaría ahora el inglés que escribió estas líneas si supiera que en menos de dos siglos centenares de miles de compatriotas suyos elegirían España como destino de sus vacaciones. Esta es otra historia pero también responde a los impresionantes cambios de mentalidad operados en el siglo XX.

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