Inauguración del Museo Arqueológico Nacional.

Vista de la sala dedicada a la antigua Grecia y el mundo romano.

Vista de la sala dedicada a la antigua Grecia y el mundo romano.

          El pasado 31 de marzo se inauguró el remodelado Museo Arqueológico Nacional. Un gran proyecto museístico estatal del siglo XXI. El Museo (MAN) abre sus puertas al público tras acometer una remodelación integral tanto en su arquitectura como en su diseño museográfico. Un proyecto de amplio recorrido que es también la actuación de mayor calado que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha llevado a cabo en un museo arqueológico, tanto por su planteamiento, escala y volumen económico, como por su relevancia institucional.

Pantalla situada en el inicio de la exposición.

Pantalla situada en el inicio de la exposición.

          El Museo Arqueológico Nacional es el museo más importante de historia de España: una institución pública que tiene como objetivo ofrecer a la sociedad una interpretación rigurosa, atractiva y crítica del pasado, del significado de la cultura material que perteneció a los distintos pueblos de la actual España y del ámbito mediterráneo, desde la Antigüedad hasta épocas recientes, en una síntesis compleja y dinámica de nuestra historia y nuestra cultura. El MAN inicia una nueva etapa, cuando se cumplen 147 años de su historia, con una imagen y unas instalaciones absolutamente transformadas, tras seis años de profunda reforma arquitectónica y museográfica, de los cuales los últimos dos años y medio ha permanecido cerrado al público. Su remodelación le sitúa ahora como uno de los más importantes museos arqueológicos y de historia europeos. El museo comienza esta nueva andadura marcada por el ánimo de ofrecer el mejor servicio público mediante la oferta de unas instalaciones totalmente renovadas para la atención y funciones que requieren los distintos tipos de público de la institución. Como hito urbano, el Museo Arqueológico Nacional completa la denominada milla de oro o paseo del arte de los museos de Madrid, en la que destacan otras instituciones vinculadas al Estado, como el Museo Nacional del Prado, el Museo Thyssen- Bornemisza o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Patio de la primera planta.

Patio de la primera planta.

          La apertura al público del MAN culmina un proceso iniciado en el año 2000, y puesto en marcha con el Plan Director de 2002, que permite ofrecer a la ciudadanía un espacio público de vanguardia, donde se conjuga la tradición y la modernidad, en un diálogo entre el pasado y el presente. Los criterios que han guiado esta ambiciosa reforma del museo han sido los de calidad, innovación y accesibilidad. Tanto los plazos de ejecución del proyecto como las cifras que arroja la actuación integral avalan la complejidad de este proyecto de Estado para el museo de arqueología más importante de España y uno de los más destacados del panorama internacional por la conjunción de la excepcional calidad de su colección, la envergadura de la intervención en el edificio histórico y su planteamiento museográfico hacia los distintos públicos.

Sala dedicada al arte de la antigua Grecia.

Sala dedicada al arte de la antigua Grecia.

          La actuación del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en el MAN que se presenta ahora ha supuesto la reforma integral del edificio y la dotación de nuevos equipamientos e instalaciones en todas las áreas del museo tanto internas como, sobre todo públicas, del museo, incluyendo la renovación de toda su exposición. La remodelación se aprecia desde la puerta de entrada al recinto; la visita a la réplica de la cueva de Altamira bajo el jardín del museo; los accesos al edificio; el edificio en su conjunto, desde la planta sótano hasta la planta bajo-cubierta; la exposición permanente, repartida en cuatro plantas, con dotación de nuevo mobiliario y recursos museográficos; así como el resto de espacios y servicios públicos del museo y todos los espacios de trabajo internos de la institución. El proyecto supone, además, un salto cualitativo en materia de accesibilidad, física y cognitiva, dirigida a visitantes con necesidades especiales.

Patio dedicado a la escultura romana.

Patio dedicado a la escultura romana.

          En definitiva podemos afirmar que dentro del ámbito de los museos arqueológicos españoles, y a pesar del número de proyectos, tanto por su escala, como por planteamiento conceptual y volumen económico, el proyecto de remodelación integral del MAN es el más ambicioso de los desarrollados en España en el siglo XXI.

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Mobiliario español en el siglo XVIII

          El mobiliario español del XVIII presenta pocas variantes con respecto al siglo anterior, sobre todo en la primera mitad. El ajuar doméstico que he podido hallar en los documentos no es muy sofisticado. Las piezas típicas son asientos, arcas, mesas, escritorios, papeleras (mueble para guardar papeles), contadores, espejos, camas y escaparates (vitrinas). En Sevilla, ciudad comercial por antonomasia, no solamente con ultramar sino también con Europa, aparecen con relativa frecuencia muebles alemanes, flamencos, franceses y portugueses. Las maderas españolas más comunes son pino, nogal, castaño, roble y encina. Las importadas de Las Indias, caoba, granadillo, palo de santo, ébano y cedro, cuyo precio era mas elevado. Para marquetería y embutidos se usaban hueso, marfil y carey, este último procedente del golfo de Méjico.

Antonio de Pereda. Bodegón. 1652. Museo del Hermitage. San Petersburgo. Sobre la mesa con distintos recipientes y alimentos aparece un precioso escritorillo de ébano y marfil.

Antonio de Pereda. Bodegón. 1652. Museo del Hermitage. San Petersburgo. Sobre la mesa con distintos recipientes y alimentos aparece un precioso escritorillo de ébano y marfil.

          El escritorio es mueble nacional por excelencia, se considera que su origen radica en oriente y está documentado en la Corona de Aragón desde el siglo XV. En el Diccionario de Autoridades (1726-1739) aparece definido como: ”Alhaja de madera” ya que normalmente se fabricaba con materiales ricos. En su frente se disponen gavetas (cajones) de diversos tamaños y formas. Como era muy pesado, en los costados se disponían aldabas para su transporte. Si portaba tapa, ésta lógicamente tenía cerradura, si no cada cajoncito llevaba su bocallave. El escritorio se asentaba sobre pie cerrado o abierto y se utilizaba para guardar no para escribir, para tal fin se usaban las mesas. Los escritorios eran costosos; os pongo un ejemplo de 1733 en el que un caballero sevillano otorga: “dos escritorios contadores de carey con coronas de bronce hechos en Flandes con sus pies cubiertos de ébano” cuyo valor ascendía a tres mil reales. Los llamados “de Salamanca” se decoraban con arquillos y columnillas de hueso y su frente se inspiraba en motivos arquitectónicos. En el siglo XIX al escritorio se le empezó a denominar bargueño, termino incorrecto según los investigadores.

Escritorio salmantino. Siglo XVII. Museo de Bellas Artes de Springfield. Massachusetts. USA.

Escritorio salmantino. Siglo XVII. Museo de Bellas Artes de Springfield. Massachusetts. USA.

          Los escaparates eran las actuales vitrinas, se llenaban de todo tipo de objetos que genéricamente se denominaban “regalillos”. Su finalidad consistía en exhibir cosas valiosas o curiosas. Las mesas se llamaban bufetes y se movían de una habitación a otra según necesidad. El comedor o estancia destinada exclusivamente a comer surge en Francia. En España, todavía a principios del siglo XVIII, las comidas se realizaban sobre mesas que se trasladaban de un lugar a otro y se llamaban “bufetes para comer”.

          Las arcas se destinaban a guardar ropa y objetos, el armario ropero como tipología de mueble aparecerá mas adelante. En cuanto a las camas, la mujer la aportaba al ajuar doméstico al contraer matrimonio. No solamente compraba el mueble en sí, mas o menos lujoso según sus posibilidades, sino también los colchones, sábanas y almohadas. La cama mas común era la llamada “de barandillas” y la mas lujosa la “de colgar”, esta última lucía una colgadura de varios paños normalmente a juego con la colcha. Por lo que he podido observar, las damas pudientes echaban el resto en el adorno de la cama principal. Se utilizaban materiales ricos como terciopelo o damasco, muchas veces bordados incluso con hilo de oro. Debajo de la colcha lujosa cuyo fin era vestir la cama se disponían colchas de algodón o los llamados cobertores que eran de abrigo. Las colgaduras podían ser cambiadas según la estación del año, en verano se solían retirar y sustituir por mosquiteras. Las camas con cortinajes aparecen con mucha frecuencia en las escenas de interior de la pintura holandesa y francesa, se solían encajonar en la pared para aislarse del frío.

Pieter de Hooch. La visita. Hacia 1657. Metropolitan Museum. Nueva York.

Pieter de Hooch. La visita. Hacia 1657. Metropolitan Museum. Nueva York.

          Con la llegada de los Borbones al trono español surge una nueva tendencia: el mobiliario cortesano al gusto europeo, que será el demandado por las clases altas. El mueble tradicional español se sigue fabricando pero sus formas pesadas se han quedado un poco anquilosadas. Durante el siglo XVIII se produce una verdadera eclosión en la creación de nuevos tipos. La principal abanderada de este cambio es Francia, aparecen nuevas tipologías de asientos, mas cómodos y confortables. Las sillas se acomodan a la moda femenina ya que los brazos se retranquean para que las faldas puedan caber holgadamente. Las damas francesas tuvieron un papel crucial en el desarrollo de nuevas formas de mobiliario; los asientos comienzan a ser verdaderamente cómodos debido a una correcta disposición del almohadillado. La refinada corte de Versalles se convirtió en el espejo de Europa y la novedosa manera de amueblar las casas, fue sin duda, un ejemplo de la nueva comodidad que las clases pudientes comenzaron a disfrutar.

Boucher. Muchacha tumbada. 1752. Alte Pinakothek. Munich. La joven, probable amante de Luis XV, está echada sobre una chaisse longue, tipología de asiento surgida en el siglo XVIII.

Françoise Boucher. Muchacha tumbada. 1752. Alte Pinakothek. Munich. La joven, probable amante de Luis XV, está echada sobre una chaisse longue, tipología de asiento surgida en el siglo XVIII.

          Todos estos cambios van llegando paulatinamente a España a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. El antiguo estrado de herencia musulmana, donde las señoras recibían sentadas sobre cojines a sus visitas y plagado de imágenes de devoción, va quedando obsoleto. La nueva sociedad requiere espacios donde hombres y mujeres se reúnan. Las damas de la aristocracia adquieren una enorme importancia, son las anfitrionas de sus salones donde recibirán a los círculos mas granados e interesantes. El escenario de la vida social del siglo XVIII será el salón francés con sus elegantes sillerías, acompañadas de mesitas de marquetería con las paredes enteladas o forradas de preciosas maderas. Esta estancia pasa al resto del continente no sólo en la forma, sino también en el fondo, es decir, como un espacio preferente de encuentro a todos los niveles: social, artístico, político o literario. Ya hombres y mujeres no permanecen separados sino que los nuevos dictados de la sociedad les permiten un contacto directo en el mismo ambiente, algo que supongo causaría alegría para la gran mayoría y cierto escándalo en los mas puritanos.

Jean-Francois de Troy. La lectura de Molière. Cerca de 1728. Colección marquesa de Cholmondeley. Houghton. EEUU.

Jean-Francois de Troy. La lectura de Molière. Cerca de 1728. Colección marquesa de Cholmondeley. Houghton. EEUU.

Salón del siglo XVIII. Museo Lambinet. Versalles.

Salón del siglo XVIII. Museo Lambinet. Versalles.

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Carlos V nació en un retrete

Publicado en el Diario de Sevilla el 10 de abril de 2014

En 1496 se celebró en Flandes el matrimonio por poderes entre Doña Juana de Trastámara, hija de los Reyes Católicos, y el archiduque Don Felipe de Habsburgo, hijo del emperador Maximiliano I y de María de Borgoña. Esta boda junto con otras, fue programada para aislar a Francia que se estaba consolidando como una nación demasiado poderosa para los intereses de los Estados vecinos. Los Reyes Católicos casaron a sus cinco hijos con vistas a establecer una serie de sólidas alianzas políticas. Su primogénita la Infanta Isabel casó con el rey de Portugal, el príncipe Juan con Margarita de Habsburgo, Juana con Felipe, duque de Borgoña y conde de Flandes. La infanta María con el rey de Portugal Manuel I, que había quedado viudo de su hermana Isabel. Por último, Catalina fue desposada con el príncipe de Gales.

Juan de Flandes. Juana la Loca. Hacia 1496-1500. Kunsthistorisches Museum. Viena. Doña Juana luce amplio escote, de moda en la corte flamenca de su tiempo.

Juan de Flandes. Juana la Loca. Hacia 1496-1500. Kunsthistorisches Museum. Viena. Doña Juana luce amplio escote, de moda en la corte flamenca de su tiempo.

          Volviendo al hecho en cuestión, tenemos a la infanta doña Juana, de dieciséis años, lista para embarcar en el puerto de Laredo. Su séquito con destino a los Países Bajos está formado por una armada de nada menos que ciento veinte barcos y miles de hombres. La guerra con Francia no permite que el viaje sea realizado por tierra. Su madre y sus hermanos Juan, María y Catalina han ido a despedirla. La reina está preocupada no sólo por los peligros de la travesía, sino por cómo se amoldará el difícil carácter de la infanta a su nueva vida. Tarsicio de Azcona, biógrafo de Doña Isabel escribió sobre los sentimientos de la madre con respecto a su hija Juana: “la amaba sinceramente, aunque nunca llegó a entenderla y dirigirla”. La joven se enfrenta a un destino desconocido, la corte flamenca es mas alegre y ceremonial que la castellana y no domina el francés aunque con los años lo hablará a la perfección.

Juan de Flandes. Felipe el Hermoso. Hacia 1496-1500. Kunsthistorisches Museum. Viena. Don Felipe porta en su pecho el collar del Toisón de Oro, Orden de Caballería fundada en 1429 por su bisabuelo Felipe III el Bueno, duque de Borgoña.

Juan de Flandes. Felipe el Hermoso. Hacia 1496-1500. Kunsthistorisches Museum. Viena. Don Felipe porta en su pecho el collar del Toisón de Oro, Orden de Caballería fundada en 1429 por su bisabuelo Felipe III el Bueno, duque de Borgoña.

          Después de una complicada travesía la infanta llegó a la localidad de Lila donde tuvo que esperar a su futuro marido nada menos que dieciocho días. Al conocerse se produjo una atracción fulminante, tanta que no pudieron esperar los cuatro días que restaban para la celebración de los esponsales. Mandaron llamar al primer sacerdote disponible, el español Diego Villaescusa, que los casó rápidamente. Esa misma tarde consumaron el matrimonio. La pasión incontenible se adueñó de la nueva condesa de Flandes, una locura de amor no correspondida por Felipe, que frecuentaba el lecho de otras mujeres. Esto no fue óbice para que la pareja tuviera seis hijos sanos que llegaron a la edad adulta, algo muy poco común en aquellos tiempos en los que la mortalidad infantil era pavorosa. Su primera hija, Leonor nació en 1498 y dos años mas tarde Carlos, el futuro emperador. El 24 de febrero de 1500 Juana se encontraba junto a su marido en una fiesta en el palacio de Gante, su estado de gestación era muy avanzado y en medio del ágape comenzó a sentir dolores. Se retiró al retrete y allí sin ayuda de médicos ni comadronas dio a luz a su hijo sin mayor problema. El lloro del recién nacido hizo que las damas fueran en su ayuda, acto seguido se llamó a la partera para que procediera a rematar la operación. El nacimiento en un simple retrete del rey que tuvo bajo su cetro el primer imperio universal de la historia es una auténtica paradoja. Diez días mas tarde Carlos de Habsburgo fue bautizado en la catedral de San Bavón frente al impresionante retablo de la Adoración del Cordero Místico de los hermanos Van Eyck.

Jan y Hubert Van Eyck. Retablo de la Adoración del Cordero Místico. 1432. Catedral de San Bavón. Gante.

Jan y Hubert Van Eyck. Retablo de la Adoración del Cordero Místico. 1432. Catedral de San Bavón. Gante.

Maestro de Georgsgilde. El archiduque Carlos con sus hermanas Leonor e Isabel. 1502. Kunsthistorisches Museum. Viena.

Maestro de Georgsgilde. El archiduque Carlos con sus hermanas Leonor e Isabel. 1502. Kunsthistorisches Museum. Viena.

          La futura y desdichada reina manifestó problemas de salud mental desde el principio pero su vigor físico era extraordinario. De hecho amamantó a sus hijos, algo insólito en una princesa o gran dama de su tiempo y que se consideró otra de sus extravagancias. Juana se sentía deprimida en la corte de Bruselas, las infidelidades de su marido del que tenía una dependencia extrema se le hacían insoportables. Las escenas de celos eran continuas, ella misma había presenciado las inquietudes de su madre. La reina Isabel sufrió mucho por la misma causa; un cronista de su tiempo afirma sobre Fernando el Católico:“..amaba mucho a la Reina, su mujer, pero dábase a otras mujeres”. Su hija Juana dejó escrito de su puño y letra: “…y no sólo se halla en mi esta pasión, mas la Reina mi señora, a quien dé Dios gloria, que fue tan excelente y escogida persona en el mundo, fue asimismo celosa, mas el tiempo saneó a S. A., como plazará a Dios que hará a mí…” Por desgracia esto no fue así, su infiel marido falleció repentinamente en Burgos con tan solo veintiocho años dejando a Juana embarazada y con la razón perdida, pero eso ya es otra historia.

Juan de Colonia. Casa del Cordón. Siglo XV. Burgos. Felipe el Hermoso murió en la Casa de Cordón, residencia del Condestable de Castilla.

Juan de Colonia. Casa del Cordón. Siglo XV. Burgos. Felipe el Hermoso murió en la Casa de Cordón, residencia del Condestable de Castilla.

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La servidumbre

En anteriores ocasiones os he hablado de madame de Alnoy, dama francesa que visitó España a finales del siglo XVII. Este viaje dio como fruto su Relación del viaje a España, interesantísimo libro donde nos habla de las costumbres y usos sociales que se prodigaban en nuestro país. Hoy me voy a referir al asunto del servicio doméstico. Es bien sabido que las casas principales empleaban a numerosísima servidumbre lo cual conllevaba unos gastos astronómicos. La francesa se asombra de la gran cantidad de criados, de su visita al palacio de la duquesa de Osuna cuenta: “En mi reciente visita a la duquesa de Osuna me llamó la atención el gran número de doncellas y dueñas que vi en los salones al pasar. Le pregunté por curiosidad cuantas criadas tenía y me contestó que solamente trescientas, por haberse reducido a ese número el poco anterior de quinientas. El rey observa con mas estricta puntualidad esa tradicional costumbre y carga con fabulosa cáfila de servidores que no le sirven para nada. Me han asegurado que solo en Madrid distribuye a diario, en dinero o en especie, diez mil raciones, consistentes, según la categoría de la persona, en cantidades mayores o menores de estos artículos: carnes, aves, caza, pescado, chocolate, frutas, hielo, carbón, velas, aceite, pan y, en una palabra, todo lo necesario para la vida”.

Ramón Bayeu. La cocina. 1793 .Propiedad de Juan Antonio Pérez Simón. En depósito en el Museo de Bellas Artes de Oviedo.

Ramón Bayeu. La cocina. 1793 .Propiedad de Juan Antonio Pérez Simón. En depósito en el Museo de Bellas Artes de Oviedo.

          Tal vez las afirmaciones de la dama sean exageradas pero es del todo cierto que no solamente la casa Casa Real, sino también los grandes de España debían mantener por su status un excesivo número de personas a su servicio. La fortuna no había solo que poseerla, se debía ostentar. Al fallecer un noble sus criados no podían quedar desatendidos, por consiguiente sus herederos debían hacerse cargo de ellos. Este es uno de los motivos por los que en las casas se juntaban decenas de personas. No sólo había que proporcionales techo y alimento, sino también vestido. A este respecto madame de Alnoy dice: “La segunda causa del exceso de servidumbre consiste en heredar el hijo los criados del padre, aunque pasen de ciento y tenga él otros tantos. Si la fallecida es la madre, entran las criadas al servicio de la hija o de la nuera, y esta norma se aplica de generación en generación porque a los nacidos en la casa no se los despide nunca”. Fernando Díaz-Plaja afirma en uno de sus ensayos: “El capítulo del servicio es importante en el presupuesto del anfitrión, porque la vanidad española le obliga a mantener unos criados que, en realidad, no le hacen falta.”

Francisco de Goya. El quitasol. 1777. Museo del Prado. Madrid.

Francisco de Goya. El quitasol. 1777. Museo del Prado. Madrid.

          La esclavitud también existía en aquella sociedad, muchos habían sido presos en las campañas militares del siglo XVI, siendo la mayoría moros y negros. En teoría, si abrazaban el cristianismo debían ser liberados, pero por lo visto esta condición no siempre se cumplía. Su precio podía alcanzar quinientos escudos, la misma madame de Alnoy compró una esclava negra de nueve años que le costó ochenta. Estas prácticas, que hoy consideramos aberrantes, eran cosa cotidiana y estaban completamente aceptadas por la sociedad, incluso los eclesiásticos tenían esclavos a su servicio. Algunas damas se hacían servir por sus criadas de rodillas, algo que escandalizó a nuestra viajera ya que en Francia esos comportamientos no se estilaban: “Esta es una costumbre a la cual no me puedo acostumbrar porque me parece que tanto respeto sólo debe exigirse para servir a Dios”.

Contrato esclavista de un hombre de 18 años. 1794. Lima. Perú.

Contrato esclavista de un hombre de 18 años. 1794. Lima. Perú.

          El estudio de las dotes ofrecidas por gentes principales a su personal de servicio indica la buena disposición de los amos. Os pongo dos ejemplo concretos, en 1740 don José Bucarelli, conde de Gerena, entregó una sustanciosa dote a su criado Domingo de Cuesta para que pudiera casarse con su también sirvienta María Manuela Vicenta: “…porque el dicho casamiento se hace con mi gusto y beneplácito para que el susodicho pueda mas bien sustentar las cargas del matrimonio le prometo y mando y luego de presente entrego por bienes y dote y caudal conocido de la dicha doña María Manuela Vicenta que a de ser su mujer cinco mil setecientos ochenta y nueve y medio de vellón”. Esta nada despreciable cifra iba destinada a la compra de mobiliario, ajuar doméstico y ropa para la futura esposa, además de una pequeña cantidad en metálico. La dote era un uso social inexcusable y como tal debía ser cumplido. El segundo ejemplo corresponde al año 1730, se trata de una carta de dote otorgada por don Alonso de Soto, presbítero y cura de la parroquia de San Gil, para facilitar el casamiento de su criada Isabel María con un tal Pedro Guerrero de profesión “trabajador del campo”. Don Alonso otorgó seis mil reales para tal fin.

Diego Velázquez. La mulata. 1618. Art Institute. Chicago.

Diego Velázquez. La mulata. 1618. Art Institute. Chicago.

          A finales del siglo XVIII el Estado se decidió a intervenir tratando de atajar el excesivo número de criados por medio de impuestos. Cuantos mas sirvientes, mas carga impositiva, siendo mas costosos los hombres que las mujeres. Por un criado se debía pagar cuarenta reales al año, por dos sesenta, y así sucesivamente. El servicio femenino era mas económico, por una criada se pagaban veinte reales, por dos treinta etc…En esta época el número de esclavos había descendido considerablemente. En Sevilla, he encontrado varios documentos donde se mencionan esclavas turcas trabajando en el servicio doméstico; al no ser consideradas personas aparecen “inventariadas” junto con los muebles, vestimenta y demás ajuar doméstico. Como no eran considerados personas, sus dueños los podían vender o regalar. Han pasado poco mas de doscientos años y aunque las sociedades son imperfectas y queda mucho por hacer, se ha avanzado enormemente en lo relativo a los derechos y dignidad del ser humano.

Ramón Bayeu. El muchacho de la esportilla. 1786. Museo del Prado. Madrid.

Ramón Bayeu. El muchacho de la esportilla. 1786. Museo del Prado. Madrid.

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Semblanza de Carlos V. El prognatismo.

Nada mejor que acudir a las fuentes para conocer de primera mano distintos episodios de la historia por quienes tuvieron la oportunidad de presenciarlos. Me resulta particularmente interesante saber como era el aspecto de determinados personajes muy señalados. Muchas veces el físico está íntimamente relacionado con la personalidad, nos ofrece claves para comprender caracteres y formas de conducta. El insigne historiador Manuel Fernández Álvarez en su biografía titulada Carlos V, el césar y el hombre recoge diversos testimonios sobre la semblanza del emperador escritos por personas que le conocieron personalmente.

Barend van Orley. Retrato de  Carlos V.

Barend van Orley. Retrato de Carlos V.

          La primera de ellas corresponde al año 1525, fecha de la victoria en la batalla de Pavía, momento de inmenso poder y prestigio en la vida del emperador. Su autor, el embajador veneciano Contarini, dice así: “Es de estatura mediana, ni muy grande ni muy pequeño, de color mas bien pálido que rubicundo; de cuerpo bien proporcionado; bellísima pierna, buen brazo, la nariz un poco aguileña, pero poco, los ojos inquietos, el aspecto grave, pero no cruel ni severo; en él ninguna parte de cuerpo se puede afear, excepto el mentón, o sea todo el maxilar inferior, el cual es tan ancho y tan largo que no parece natural de aquel cuerpo, sino postizo, donde sucede que no puede, cerrando la boca, unir los dientes inferiores con los superiores, antes los separa el espacio de grosor de un diente, de donde en el hablar, máxime al terminar la cláusula, balbucea alguna palabra, lo cual frecuentemente no se entiende muy bien…”. Por tanto Carlos V tenía una muy visible anomalía, no sólo estética sino que hacía que el habla le resultase dificultosa. Los retratos de su familia nos indican que era un defecto genético heredado de su abuelo paterno Maximiliano I de Habsburgo.

Berhard Strigel. El emperador Maximiliano y su familia. 1515. Kunsthistorisches Museum. Viena.

Berhard Strigel. El emperador Maximiliano y su familia. 1515. Kunsthistorisches Museum. Viena.

Alberto Durero. Maximiliano I de Habsburgo. 1519. Kunsthistorisches Museum. Viena.

Alberto Durero. Maximiliano I de Habsburgo. 1519. Kunsthistorisches Museum. Viena.

          El prognatismo es una enfermedad de la cavidad oral que presenta una alteración de la forma de la mandíbula que la hace sobresalir del plano de la cara. Se trata, por tanto, de un problema óseo que provoca que las dos mandíbulas no encajen conllevando problemas de salud, sobre todo en el terreno digestivo ya que la mordida no es correcta. El prognatismo parece que hoy en día tiene bastante solución debido a los impresionantes avances médicos, pero en el siglo XVI uno tenía que conformarse con lo que la naturaleza le hubiera dado. Se comprende que Carlos V se dejara barba, es un remedio al alcance de los hombres para disimular esta imperfección. La siguiente descripción del monarca fue escrita por Badoaro, otro embajador veneciano. Han pasado casi treinta años, el emperador ha abdicado y se ha retirado a Yuste: “Es su Majestad cesárea de mediana estatura y aspecto grave. Tiene la frente espaciosa; los ojos azules y que dan muestra de una gran fortaleza de ánimo; nariz aquilina y un poco torcida; la mandíbula inferior larga y ancha, lo que le impide juntar los dientes y hace que no se entienda bien el final de sus palabras. Sus dientes de delante son poco numerosos y cariados; su tez es hermosa, su barba es corta y apuntada. Es bien proporcionado de persona. Su complexión es flemática de origen melancólico. Padece casi continuamente de hemorroides y, a menudo, en los pies y en el cuello de la gota, por la que tiene contraídas las manos. Ha escogido el monasterio de Yuste para vivir allá, a causa de que el aire de ese sitio es el mas propicio de España para el restablecimiento de su salud…”. Por desgracia en Yuste no se restableció su maltrecha saludo sino contrajo el paludismo, enfermedad que le llevó a la tumba en 1558.

Barend van Orley. Retrato de  Carlos V santo emperador romano. Después de 1515. Museo municipal de Bourg en Bresse.

Barend van Orley. Retrato de Carlos V Santo Emperador Romano. Después de 1515. Museo municipal de Bourg en Bresse.

          La última semblanza corresponde al primer marqués de Santa Cruz, don Álvaro de Bazán y Guzmán nos cuenta: “Fue el Emperador don Carlos mediano de cuerpo, de ojos grandes y hermosos, las narices aguileñas, los cabellos rojos y muy llanos…la barba ancha redonda y bien proporcionada, la garganta recia,…ancho de espaldas, los brazos gruesos y recios, las manos medianas y ásperas, las piernas proporcionadas. Su mayor fealdad era la boca, porque tenía la dentadura tan desproporcionada con la de arriba que los dientes no se encontraban nunca; de lo cual se seguían dos daños: el uno el tener el habla en gran manera dura, sus palabras eran como belfo, y lo otro, tener en el comer mucho trabajo; por no encontrarse los dientes no podía mascar lo que comía ni bien digerir, de lo cual venía muchas veces a enfermar…”. De la lectura de estas tres impresiones sacamos como conclusión que Carlos V tenía un físico atlético, estatura media para su época y unos rasgos normales a no ser por su excesivo prognatismo. Este defecto, que heredaron sus sucesores, le causó muchos problemas de salud aunque a decir verdad la alimentación de su cesárea majestad muy rica en grasas y carnes no debió ser de gran ayuda.

Lucas Cranach, el Viejo. Carlos V. 1533. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid.

Lucas Cranach, el Viejo. Carlos V. 1533. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid.

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Crónica de una boda real

Los matrimonios de la monarquía respondían a una serie de complejos intereses diplomáticos. Su finalidad radicaba en asegurar alianzas entre las naciones europeas, que por un motivo u otro, siempre estaban metidas en continuas contiendas bélicas. España y Francia hoy disfrutan de un cordial entendimiento, pero a través de los siglos sus intereses territoriales han estado en disputa. No hay que olvidar la aplastante victoria de Carlos V en la batalla de Pavía (1525) frente a Francisco I. El rey francés que fue hecho prisionero en el campo de batalla, conducido a Madrid y encerrado en la Torre de los Lujanes. Esto no fue óbice para que cinco años mas tarde Francisco I se casara con Leonor de Austria, hermana mayor del emperador y reina viuda de Portugal. Leonor fue una de tantas infantas españolas que ocuparon el trono de Francia. De hecho, Luis XIV uno de los monarcas cruciales de la historia occidental, era hijo de la infanta Ana de Austria. En 1660 con motivo del Tratado de los Pirineos, firmado un año antes y que aseguraba la paz entre las dos naciones, el flamante rey se desposó con su prima hermana, la poco agraciada infanta María Teresa.

Laumosnier. Boda de Louis XIV. Siglo XVII. Museo de Tessé. Le Mans.

Laumosnier. Boda de Louis XIV y María Teresa de Austria. Siglo XVII. Museo de Tessé. Le Mans. Francia.

          Unos años mas tarde y con motivo de un nuevo tratado de paz entre los dos países se concertó la boda de Carlos II de España con la princesa María Luisa de Borbón, primogénita del duque de Orleans, único hermano de Luis XIV. Para hablar de este matrimonio nada mejor que recoger una fuente de la época, los Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla escritos por el caballero sevillano don Diego Ortiz de Zúñiga. Los Anales son una interesantísima obra compuesta por varios  tomos y publicada en Madrid en la segunda mitad del siglo XVII, en ella el insigne autor nos habla de la historia de la ciudad hispalense desde el siglo XIII al XVII. El historiador nos ofrece una crónica de la boda real, que como podemos desprender de su lectura, nada tiene que ver con las que actualmente nos ofrecen los medios de comunicación. El texto, transcrito textualmente, nos informa del complicado proceso que seguían las bodas reales. Este tipo de ceremonias matrimoniales se realizaban por poderes, el rey o el príncipe en cuestión era representado por un caballero de alta alcurnia. En este caso el elegido fue el príncipe de Conti, mientras que María Luisa fue conducida al altar por el Delfín. Una vez efectuado el matrimonio, se disponía todo lo necesario para que la futura princesa o reina iniciara el viaje hacia su nueva patria por lo que muy raramente volvería a visitar su país o ver a su familia. Se puede decir que se utilizaba a las princesas como piezas de ajedrez para tratar de realizar la jugada perfecta.

Anónimo. María Luisa de Orléans. Siglo XVII. Museo Nacional del Palacio de Versalles.

Anónimo. María Luisa de Orleans. Siglo XVII. Museo Nacional del Palacio de Versalles.

          Ortiz de Zúñiga nos informa puntualmente de todas las fechas, lugares y los distintos actos que se celebraron para festejar tan magno acontecimiento. La boda de un rey era sin duda un acontecimiento crucial ya que suponía la continuidad dinástica; para el pueblo era motivo de alegría ya que se celebraban festejos de todo tipo. En Sevilla, por ejemplo, se iluminó la Giralda tres noches seguidas y se dieron “repiques generales”. A continuación habla don Diego: “I En el año antecedente se trataba ya de hacer la paz con la Francia, y confiando el Rey Don Carlos II el éxito feliz de esta empresa al Marqués de los Valbases Don Pablo Espínola Doria, se efectuó en Nimega el 16 de Diciembre de 1678; y á de Enero de este año llegó á Madrid la noticia, la qual fue celebrada el 18 del propio mes. De esta felicidad resultó otra, qual fue el casamiento de S. M. con una de las Princesas de la casa de Francia: y para que tuviera efecto este enlace, pasó desde Bruxêlas el Marqués de los Valbases á Paris de Embaxador Extraordianrio, llegando a aquella Corte, y haciendo su entrada pública el 11 de Junio, siendo esta una de las mas bizarras, y de mayor grandeza que hasta allí se habían visto de esta clase. Celebrados los contratos, dio parte al Rey el Marques con Don Francisco de Urbina, de quedar ajustado el casamiento con la Serenísima Princesa Doña María Luisa de Borbón, hija primogénita del Duque de Orleans, hermano de Luis XIV, y de Henriqueta Ana de Inglaterra; y llegó a Madrid el citado Urbina el 13 de Julio. Divulgada la noticia por la Corte, se llenó de una alegría sin igual, y dispuso para la misma tarde regocijos y fiestas. Aun mas gustosa fue esta nueva á S. M., el queal pasó a visitar a nuestra Señora de Atocha, y dar á esta Señora las gracias. El 31 de Agosto se celebró por poderes en Fontenebleau el casamiento con el Príncipe de Conti, con tanto aparato, grandeza, magestad y gala, que excedió á toda ponderación, según las dilatadas relaciones que entonces se publicáron, y á las quales he seguido.

          2 Salió de Madrid Carlos II el Sábado 21 de Setiembre para ir á recibir á su esposa, habiendo antes visitado á nuestra Señora de Atocha. La Reyna llegó a Irún, é hizo la entrega el Príncipe de Harcurt al Marques de Astorga, nombrado su Mayordomo mayor. Entró en Burgos el Rey á esperar á la Reyna el 5 de Noviembre, en cuya Ciudad recibió S. M. un relox y una corbata de encaxes, con la particularidad de habérsela puesto antes la Reyna, con una cinta de color de fuego. el 19 del propio mes vino la Reyna a Quintanapalla, en donde se vieron SS.MM. , y el Patriarca ratificó los desposorios; y despues de haber comidosaliéron por la tarde en una carroza para Burgos, y al día siguiente hicieron su entrada pública en aquella Ciudad. Llegáron a la Corte el 2 de Diciembre por la tarde, é hicieron su entrada Sábado 13 de Enero del siguiente de 1680. La alegría en esta fue grande; sus fiestas y regocijos mayores; todo demostraba el contento que tenian sus habitadores al ver á una Reyna tan hermosa, gallarda y afable, de un alma grande, y adornada de virtudes.”

José García Hidalgo. María Luisa de Orleans, reina de España. Hacia 1679. Museo del Prado.

José García Hidalgo. María Luisa de Orleans, reina de España. Hacia 1679. Museo del Prado.

Juan Carreño de Miranda. Carlos II con armadura. 1681. Museo del Prado. Madrid.

Juan Carreño de Miranda. Carlos II con armadura. 1681. Museo del Prado. Madrid.

          La vida de doña María Luisa en la corte madrileña distó mucho de la felicidad, al principio no se podía comunicar con su real esposo ya que no sabía castellano, ni él hablaba el francés. Carlos II era un hombre enfermo, muy probablemente impotente y estéril con seguridad. María Luisa no quedaba embarazada por lo que se le empezaron a practicar remedios de todo tipo además de sangrías y purgas. Probablemente las pócimas que le suministraban los médicos dieron al traste con su salud. El 8 de febrero de 1689 se sintió indispuesta,  es muy posible que padeciera un apendicitis que desembocó en peritonitis. El rey, con gran pesar, acompañó a su mujer en la cabecera del lecho. María Luisa de Borbón falleció a los tres días con tan solo veintisiete años de edad.

Sebastián Muñoz. Las exequias de Maria Luisa de Orleans. 1689. Hispanic Society of America.

Sebastián Muñoz. Las exequias de Maria Luisa de Orleans. 1689. Hispanic Society of America.

 

 

 

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La infidelidad

Hasta hace bien poco el matrimonio era para toda la vida, la posibilidad del divorcio era algo que simplemente no se contemplaba. Si existía la separación de “lecho y techo” como reza el la Cuarta Partida de Alfonso X el Sabio (siglo XIII), la cual no suponía una anulación del vínculo. Para la Iglesia Católica el matrimonio es un sacramento indisoluble que conlleva una serie de responsabilidades y obligaciones por parte de los contrayentes, tanto del hombre como de la mujer, no solo en el siglo XXI, sino también hace unos cuantos. Durante el Antiguo Régimen la institución matrimonial seguía unos preceptos diferentes a los actuales, los esponsales se programaban en base a una serie de intereses económicos y sociales. Cuanto mas alta fuera el lugar de una persona en la pirámide social mas importante se hacía el concertar una boda adecuada a sus expectativas. El nacimiento de hijos ilegítimos estaba a la orden del día y afectaba a toda la escala social. El hecho de que los reyes tuvieran bastardos era completamente normal. A Fernando el Católico se le conocen cuatro y sabemos por las crónicas los tremendos ataques de celos que sufría doña Isabel. Por su parte, su nieto Carlos V tuvo cinco hijos bastardos pero con el matiz de que sus nacimientos fueron antes de contraer matrimonio y después de enviudar. Los mas conocidos fueron Margarita de Parma nacida en 1522 y don Juan de Austria en 1545.

Antonio Moro. Margarita de Parma. 1562. Gemäldegalerie. Berlín. La hija mayor del emperador fue nombrada Gobernadora en los Países Bajos en 1559. Contrajo matrimonio con el duque de Parma y fue madre del famoso Alejandro Farnesio.

Antonio Moro. Margarita de Parma. 1562. Gemäldegalerie. Berlín. La hija mayor del emperador fue nombrada Gobernadora en los Países Bajos en 1559. Contrajo matrimonio con el duque de Parma y fue madre del famoso Alejandro Farnesio.

Alonso Sánchez Coello. Don Juan de Austria. 1559-1560. The Art Institute. Chicago. U.S.A. El legendario vencedor en la batalla de Lepanto era hijo de Carlos V  y Bárbara Blomberg. Nacido en Ratisbona fue educado en España según ordenes de su padre por doña Magdalena de Ulloa.

Alonso Sánchez Coello. Don Juan de Austria. 1559-1560. The Art Institute. Chicago. U.S.A. El legendario vencedor en la batalla de Lepanto era hijo de Carlos V y Bárbara Blomberg. Nacido en Ratisbona fue educado en España según ordenes de su padre por doña Magdalena de Ulloa.

          Los matrimonios las mas de las veces eran “arreglados” por los padres, de tal manera que la opinión de los futuros novios no parecía ser tenida muy en cuenta. Estas situaciones provocaban una enorme infidelidad conyugal sobre todo por parte de los hombres. El francés Antonio de Brunel que visitó España en 1655  cuenta: “Cuando se habla de los grandes gastos de los españoles y se desea saber cómo se arruinan, no habiendo entre ellos ni mucha pompa ni mucho lujo, ni teniendo costumbre de ir a las armadas, sobre todo los que han vivido en Madrid me aseguran que son las mujeres las que destruyen la mayor parte de las casas. No hay hombre alguno que no tenga su dama y que no trate con alguna cortesana…Y como nos las hay en toda Europa mas vivas ni mas descaradas, y que entienden mas bien aquel maldito oficio, cuando llega a caer alguno en su red, lo despluman bellísimamente…En ninguna otra ciudad de Europa se encuentran mas a todas horas”. Por tanto parece que era costumbre de los hombres tener una manceba, ya fueran solteros o casados. Parece que esta forma de vivir era algo común en la sociedad española del siglo XVII, del mismo rey para abajo.

Jan Vermeer de Delft. La alcahueta. 1656. Gemäldegalerie Alte Meister. Dresde. Alemania.

Jan Vermeer de Delft. La alcahueta. 1656. Gemäldegalerie Alte Meister. Dresde. Alemania.

          El rey Felipe IV (1605-1665) representa un ejemplo paradigmático en este sentido, a lo largo de su vida tuvo un sinfín de amantes que le dieron hasta treinta hijos bastardos. El mas famoso de ellos fue don Juan José de Austria (1629-1679) fruto de su relación con la actriz María Inés Calderón apodada “la Calderona”. Ese mismo año de 1629, pero unos meses mas tarde nacería el príncipe Baltasar Carlos, es decir, que  reina y  amante estuvieron embarazadas a la vez. El niño, que fue reconocido por el monarca en 1642, tuvo un considerable peso político ya que ocupó diversos cargos de responsabilidad como la dignidad de virrey de Nápoles. Su madre era una jovencísima actriz de teatro que trabajaba en el Corral del Conde y de  la que su católica majestad quedó prendado. La pobre María Inés tuvo que abandonar su carrera, fue desposeída de su hijo y obligada a ingresar en 1642 en el monasterio benedictino de San Juan Bautista en la localidad de Valfermoso de las Monjas, en la provincia de Guadalajara. Un destino nada envidiable pero así se las gastaban los poderosos.

Anómimo. Supuesto retrato de María Inés Calderón. “La Calderona”. Monasterio de las Descalzas Reales. Madrid.

Anónimo. Supuesto retrato de María Inés Calderón. “La Calderona”. Primer tercio del siglo XVII. Monasterio de las Descalzas Reales. Madrid.

          Nada mejor que la opinión de un experto sobre la figura de Felipe IV para retratar su perfil de mujeriego. Recojo las palabras de José Deleito y Piñuela en su libro sobre el “rey galante”: “Tuvo en verdad, Felipe IV instintos de polígamo sultán, a los cuales dio rienda suelta en su juventud, y que, aún en su madurez, cuando, preocupado por temores religiosos, quería ponerles freno, podían mas que su voluntad y le arrastraban a la disipación a pesar suyo. Toda clase de mujeres eran buenas para su erótico deporte: doncellas, casadas, viudas, altas damas, sirvientas de palacio, burguesas, actrices, menestralas y hasta tusonas y cantoneras, como entonces se decía a las que hacían tráfico profesional de su cuerpo”. El viajero Brunel, citado anteriormente, afirmaba por su parte: “El desarreglo de este príncipe duró mucho tiempo, y fue tal, que le hacía caer sobre la meretriz mas tirada que sobre la mas reservada dama”.

Anónimo. Posible retrato de Juan_Jose_de_Austria. Museo del Prado. Madrid.

Anónimo. Posible retrato de Juan Jose de Austria. Hacia 1655-1660. Museo del Prado. Madrid.

          Madame de Alnoy, dama francesa que visitó España en 1679, también recoge en sus escritos la costumbre de los españoles de tener una querida. Aún así, afirma que la separaciones matrimoniales eran muy poco frecuentes a diferencia de Francia. Las obras de teatro de la época están plagadas de referencias al asunto del adulterio, tanto por parte de los hombres como de las mujeres. La honra era considerada la virtud máxima y su depositaria era la mujer. Esta debía llegar virgen al matrimonio, es decir, ser doncella y su comportamiento al frente del hogar un modelo de virtudes, es decir, ser ejemplar como madre y esposa. Estos usos no son lejanos sino que han sido asumidos hasta el siglo XX, en la actualidad el matrimonio se plantea de otra manera. En España el divorcio no estuvo reconocido hasta la constitución de 1931 cuya ley fue aprobada en 1932 durante la Segunda República, siendo derogada en 1939  y restablecida en 1981. Las bodas se regían por una serie de principios que han sido superados, aunque no parece que con éxito ya que las cifras de los matrimonios separados, anulados o divorciados anualmente en España sobrepasa las 100.000 parejas.

William Hogarth. A Harlot´s Progress. Plancha 1de 6. 1731

William Hogarth. La carrera de la prostituta. Plancha 1 de 6. 1731

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